Revista Sinapsis – Interés General

Qué uso le damos a la tierra y cómo modificamos la naturaleza. Intelectuales y artistas conversan con los que manejan los recursos, promueven políticas y diseñan los alimentos que comemos.

Preciado Patiño + Enrique Seminario

Javier Preciado Patiño
Javier Preciado Patiño

 

Javier Preciado Patiño: Hay básicamente dos modelos que siguen en pugna, no es una discusión que se haya superado ni mucho menos. Uno es un modelo que yo lo denomino “agroexportador del centenario”, el modelo agroexportador del cual hablamos todo el tiempo, y otro es el modelo “agroindustrial del bicentenario”, que es de alguna manera lo que se ha estado construyendo en estos últimos 10 o 12 años, y de alguna manera porque si bien hay diferencias palpables y gruesas con lo que pasaba hasta 2001, tampoco es que ha tenido una coherencia, una consistencia del 100%, sino que las medidas que se han tomado, son como una nube de puntos que tienen una dirección determinada y que es eso que yo digo el “modelo agroindustrial del bicentenario”. Pero quiero ir un paso antes, al rol del agro dentro de la economía argentina, un rol realmente muy relevante, y que diría que es excesivamente relevante en algunos aspectos tales como la generación de divisas, eso es un problema para la Argentina y para el sector agropecuario. El primer paso que habría que dar, lo antes posible de acá a los próximos 5 años, es impulsar un desarrollo muy fuerte de otros sectores dinámicos en cuanto a la generación de recursos y divisas, como podría ser la energía y la minería. Escuché que el gobernador Scioli decía “cómo puede ser que Chile con la misma cordillera que la Argentina exporta metales y minerales por 50 mil millones de dólares y la Argentina solamente por 5 mil millones”. O sea, realmente al país y al agro le haría muy bien que otra fuente, otra actividad económica empiece a generar dólares porque descomprimiría esa presión. Voy a hacer la primera referencia a lo que entiendo que es uno de los graves errores del sector en general y de su dirigencia en particular que es presentarse como el motor de la economía argentina, porque cuando uno es motor lo que tiene que hacer es traccionar, es el gran hacedor del esfuerzo y como todos sabemos al que hace el esfuerzo es al que más se le pide, entonces es contradictorio presentarse ante la sociedad como el motor de la economía de un país y después ser resistente a cumplir con todas las obligaciones que surgen tales como pagar todos los impuestos habidos y por haber. Creo que a futuro debería reverse ese concepto y la idea sería que haya un híbrido, un motor flex, que un poco es agro, otro poco es minería y otro poco es energía y entre esas tres actividades se empieza a mejorar la ecuación de la economía argentina. Ojalá que a partir de ahora empecemos a ver un camino hacia ese modelo. Yendo al sector agropecuario, sigue estando en la pugna esa cuestión de si la Argentina es básicamente un país muy eficiente en la producción de commodities, sean de granos o sea de carne vacuna, y para ser eficiente requiere que la puerta de comercio exterior esté abierta, que no haya ningún tipo de dique de contención entre el exterior y el interior, o si el país debe avanzar en su sector agroindustrial, hacia un modelo que busca transformar hasta el último grano que sea posible en algo de mayor valor y participar del comercio mundial en esas condiciones. Y digo participar del comercio mundial porque está claro que con el tamaño geográfico, las dimensiones de la Argentina, y la población, necesariamente la Argentina tiene una vocación exportadora, es insoslayable ese aspecto, abastecer al consumo interno cubre apenas un pequeño porcentaje de todo lo que somos capaces de producir. Se ha mejorado mucho, estamos comiendo 120 kilos de carne por habitante por año, de los cuales la mitad es carne de vaca, el 40%, es pollo, y tenemos creciente participación de cerdo, más 8 kilos de pescado. Ahora, ¿podríamos comer mucho más? Si el sector porcino como viene creciendo sigue incrementando su productividad, pasamos de una faena de 2.5 millones y ya estamos en 5 millones y seguimos creciendo. Ahora, ¿podemos comernos los 40 millones de argentinos todo lo más que podemos producir a partir de la gran existencia y oferta de granos? Definitivamente no. Entonces, ¿en qué se juega todo esto? En que ese aumento de la productividad de las carnes va a tener que ir asociado a una estrategia de exportación, que será de tal porcentaje de carne vacuna, tal porcentaje de aviar, y si se puede algo de cerdo y también de acuicultura, pero el mercado interno nos pone un límite y todo el resto es exportación. Esta pugna que les cuento está instalada hasta el día de hoy, y lamentablemente los líderes del sector primario, del productor, el chacarero, siguen teniendo en la cabeza esa concepción de que la industria es ineficiente y que el sector más eficiente es el productor de granos o el de la carne vacuna y que por lo tanto debe tener ese acceso irrestricto al comercio mundial y ahí entran a jugar algunos elementos como por ejemplo derechos de exportación. Porque en el 2001 la Argentina importaba más pollo del que exportaba, siendo ya en ese momento los segundos exportadores mundiales de maíz, el tercer exportador mundial del complejo soja, que son los dos insumos básicos para producir casi cualquier proteína animal, la Argentina importaba más pollo del que exportaba. Entonces evidentemente algo estaba mal, porque cualquier país de los parecidos al nuestro, Brasil, EE.UU., en cuanto a su estructura agraria me refiero, cualquiera de estos países tienen un alto grado de transformación interno y solamente exporta como grano una pequeña proporción, que puede ser el 18%, el 10%. Entonces, ¿qué pasó entre 2001 y 2013? Se pasó, en el caso de la avicultura, de exportar 17 mil toneladas que era menos de lo que se importaba, creo que a unas 370 mil toneladas aproximadamente. O sea, de 17 mil toneladas a 370 mil, pasamos de faenar 300 millones de pollos a 750 millones de pollos, eso es un salto de una calidad impresionante, porque hay que ir a Entre Ríos por ejemplo y ver cómo impactó el desarrollo de la industria del pollo en las localidades. Cómo impactó por ejemplo en el proveedor de tecnología para los galpones, el proveedor ese hoy está exportando tecnología para fabricar y montar galpones a los países vecinos, cómo impactó en la logística, en la productividad, en el empleo, en el desarrollo local de los pueblos. Realmente ir a un pueblo pequeño, mediano, del interior de la pampa húmeda hace 15 años atrás era totalmente diferente a ir a ese pueblo hoy, en cuanto a la calidad de vida que ofrece la comunidad esa, en cuanto a poder acceder a bienes, servicios, infraestructura, etc., eso tiene mucho que ver con el desarrollo local, que si bien la agricultura lo acelera, lo acelera muchísimo más la actividad agroindustrial. Les digo el tema de la avicultura como uno de los motores, pero también ha habido un desarrollo extraordinario, por ejemplo en la región de Villa María, con el tema de los lácteos, la cadena láctea. Lo que se dice, lo que se explicita desde el ruralismo como vocero de ese modelo agroexportador del centenario, es que estamos estancados en la producción de leche, y si uno toma el pico de los ’90 y el presente mejoramos un 10%, pero lo que no se dice o muy pocas veces se dice es que en 2001 con la crisis esa producción que había llegado a 11 mil millones de litros al año se cae a 8 mil millones, lo que hubo fue una recuperación de los 8 mil millones de litros hasta 12 mil millones. ¿Podríamos haber crecido más? Seguramente sí, ahora, que crecimos, es un dato. Pero crecimos muchísimo en lo que es la exportación de la leche. Lácteos, en 2001 se exportaban 127 mil toneladas, y en 2013 se exportaron 303 mil, la Argentina tuvo un crecimiento promedio anual del 10% en materia de exportación de lácteos en todo este tiempo, y no es un dato menor, y tomo volumen porque si tomara precio, porque pasamos de 226 a 1.100 millones, alguien me podría decir ahí hay un efecto de la suba de los precios internacionales. En quesos por ejemplo pasamos de 17 mil toneladas en el 2001 a 56 mil toneladas en 2013, crecimos al 17% anual. Y hay una cantidad de productos, los vinos también, donde el acumulado es más que interesante, la tasa con la que se fue ganando mercados, teniendo en cuenta que 2012, 2013, no fueron los mejores años, sino que tal vez el mejor año haya sido el 2011, pero aún así, tomando 2013, que sabemos que nos resta en el promedio, muchísimas cadenas han tenido una performance bárbara. Para sectores que están convencidos que la competitividad a la Argentina se la da la agricultura y la ganadería de carne, el crecimiento de la leche, de los pollos, de los cerdos, es la consecuencia de haber subsidiado vía derechos de exportación a esas actividades. Si yo te pongo una retención del 35% a la soja y del 20% al maíz, y vos acá producís el mismo tipo de pollo que se produce en Brasil, en EE.UU., o donde sea, tu costo de alimentación va a ser obviamente más barato, y el argumento es razonable. Ahora, ¿está bien o está mal? ¿Estamos de acuerdo o no estamos de acuerdo? Porque de eso se trata, en que el productor primario gane menos para favorecer el desarrollo de una industria de transformación, porque ese es el eje de la discusión, no hay otro eje, y ese eje se define en lo político, si hubiera un proyecto político gobernante que dijera que el productor tiene que acceder al precio lleno de los granos sea como sea y después la competitividad del resto se verá, estaríamos en esa senda, pero estamos hace 12 años en la senda de un gobierno que no dice eso, que dice vamos a privilegiar el consumo interno, vamos a mejorar las condiciones del poder de compra de los argentinos, vamos a privilegiar la transformación de las materias primas del agro en productos de valor agregado y vamos a mantener una diferencia entre lo que es el mercado externo y el interno para trasladar los precios de los productos de afuera. Es un proyecto político y es otro proyecto político, en mi opinión particular, no hay por qué coincidir con esto, pero que sí surge de haber leído la historia de la agricultura, de la actividad desde que prácticamente era un virreinato la Argentina, es imperioso y necesario profundizar y avanzar en los procesos de transformación de las materias primas del campo en productos de mayor valor agregado. Y para entrar en el debate, es que el sector primarizante no está dispuesto a bajar los brazos y tiene un discurso que yo entiendo que es un discurso falaz, un discurso que induce a creer que estamos mejor si nos quedamos en una Argentina primaria, y ese discurso tiene un par de ejes. Uno es decir que el grano es un producto de altísimo valor agregado porque adentro tiene todo lo que es el trabajo de los genetistas, de la urea que se va a absorber para producir más rendimiento. El otro factor dice bueno, en realidad, la planta es una fábrica, una fábrica que transforma energía solar, agua, nutrientes, más el conocimiento que le volcamos al cultivo, en productos de alto valor agregado como son los carbohidratos o proteínas vegetales, entonces a partir de ahí realizan la maldad de llamar industria a la producción agropecuaria, esta es la industria verde dicen, que sería la actividad que todos conocemos como agricultura.

Sigue habiendo dos modelos en pugna, uno es el agroexportador primario del centenario, otro es el agroindustrial transformador de las materias primas del bicentenario que genera valor, divisas, genera trabajo, y el gran riesgo que tenemos hoy es volver hacia atrás en desarmar lo hecho, y lo que tenemos que hacer es lo contrario, profundizar para darle a los sectores agroindustriales una competitividad sistémica, no artificial, una vez que ya están en carrera, que se valgan por sí mismos y empiecen a ser grandes proveedores globales. Pero el riesgo sigue existiendo en volver hacia atrás y volver a convertir a la Argentina en un país básicamente proveedor de granos.

 

 

Enrique Seminario
Enrique Seminario

Enrique Seminario: Ya varias veces se plantea acá el tema de dos modelos, la agricultura industrial, la agricultura familiar, el modelo agroexportador del centenario, y este del bicentenario, que me parece muy interesante. Yo coincido con vos y creo que hay una conversación vieja a la cual se apela para rescatarla y creo que está casi agotada. El modelo agroexportador del centenario remite a una situación de principios del siglo XX de primarización y de no distribución genuina de riqueza, construida después de la Generación del ’80, que llegamos con el convenio con Inglaterra básicamente, que tuvo un éxito relativo que no desencadenó en términos de institucionalidad en progreso democrático, vinieron los golpes, y se armó un despelote que todavía seguimos dando vueltas alrededor de la rotonda. Entonces ese modelo que se pretende rescatar porque es descalificable, no sé bien si lo sostienen muchos de los que vos señalás como que lo sostienen, son percepciones, algunos pueden ser, pero la mayoría creo que quiere una pampa húmeda más activa y agroindustrial, con distintos grados de claridad y confusión, percibo yo.

JPP: Pasa que una cosa es declamarlo y otra cosa es llevarlo a los términos prácticos. Por ejemplo, el otro día ArgenTrigo, que es la cadena del trigo, hizo su reunión anual, y convocó a los molineros y a los exportadores para dar una visión conjunta de la problemática del trigo que todos creo coincidimos en el diagnóstico, hay que revitalizar el cultivo. Ahora, ¿cuál es la respuesta de la Sociedad Rural, cuyo presidente estuvo presente en la jornada de ArgenTrigo, a una propuesta de decir bueno vayamos a ver cómo producimos 18 millones de toneladas de trigo y cómo las exportamos con el mayor valor agregado posible? La respuesta fue la desafiliación de ArgenTrigo y retirar a su representante.

ES: Bueno, diste con la tecla de una institución que tiene una altísima tradición y una representación simbólica, pero no sé cuánto tiene de representación.

JPP: Por eso, así como te digo que estaban por ejemplo los representantes de Aacrea y el representante de Aapresid, que eran parte de eso.

ES: Bueno, pero yo creo que realmente, la vocación o el interés por la transformación está compartido con distintos grados de confusión, incluidos los del gobierno, vamos a transformar todo en origen, que no es fácil, porque los grandes transformados en general han sido grandes industrias alimentarias, Brasil tiene enormes industrias y algunas que son cooperativas, industria cooperativa, que llegan hasta la góndola y hasta tienen supermercados. Entonces todo ese proceso de transformación requiere un horizonte de contexto de largo plazo, financiamiento, y todas características que acá no hay porque por eso todo en Argentina es mucho más coyuntural. La plataforma de fotosíntesis que implica la pampa húmeda es maravillosa, pocos países tienen una cuenca para recibir el sol irrigada por lluvias relativamente abundantes y suelos que permiten hacer esa transformación. Eso es un valor, ¿cómo lo ponemos en contexto de valor social y de desarrollo? Eso es lo que estamos empezando a discutir. El modelo agroexportador, los que reclaman por las retenciones, que son varios, te dicen, Brasil no la subsidia de esta misma manera, ¿por qué no agarramos su modelo exportador? ¿Qué hizo Nueva Zelanda, qué hizo Australia, qué hicieron otros países? Entonces, yo creo que estamos empezando a discutir ese modelo agroindustrial, incluso el economista del Plan Fénix, Aldo Ferrer, dice que la industria consume muchos dólares, tenemos que lograr una industria que consuma menos dólares, porque si no siempre estamos estrangulados porque la misma industria nacional se consume los dólares, entonces el tamaño de la industria nacional es el tamaño de la actividad agropecuaria. Está bien esa relación, y dice hagamos una estrategia de equilibrio.

JPP: Por eso digo que lo primero que habría que hacer hoy es avanzar en el desarrollo de la minería y de la energía en la Argentina.

ES: Esa idea me parece interesantísima, que es lo que le pasó a Australia.

JPP: Australia por ejemplo, las agroexportaciones fueron perdiendo peso relativo, no a valores absolutos, a favor de la minería, entonces hoy por ejemplo, si hay un desastre climático hay dólares para asistir al agro. El problema de la Argentina es que si el que genera los dólares es el agro y tiene problemas, ¿quién pone la plata ahí?

ES: Tu concepto de que el agro se pavonea diciendo somos los grandes productores de divisas le juega en contra. Me parece que es una buena observación e inteligente ponerlo en la conversación pública. Otra, los saltos de calidad que vos decís de exportaciones de pollos, de lácteos y demás, yo pienso que hay consensos para ir construyendo esto, lo que también hay que pensar es cómo se sostiene en el largo plazo, y sobre eso no hay tanta claridad, entonces uno tiene que ver qué otros países han logrado y cómo lo han logrado. Entonces un país que genere desarrollos locales donde haya actividad, yo lo viví viviendo en Venado Tuerto, y ese movimiento de la agricultura, antes de los procesos agroindustriales, generó una dinámica que yo disfruté y que es un efecto de desarrollo local sumamente interesante, por supuesto que hay que profundizarlo y se puede profundizar, ¿cómo se hace, quién lo financia y cómo lo sostengo en el tiempo, y qué estrategias tengo de abrir mercados, que implica toda una actividad de cancillería para mantenerse activo en los mercados?

JPP: Si hablamos de leches, exportaciones, estos son los datos del Senasa, Venezuela, Argelia, Brasil, Cuba y China, te explican el 80% de la demanda. Si hablamos de quesos tenés a Brasil, Rusia, Venezuela, Chile y México. Si hablamos de otros lácteos, donde ahí tenés productos como los sueros, es un salto cualitativo bárbaro, que la industria láctea haya encontrado en el suero de leche, en el suero de quesos, en la proteína de los sueros, un negocio, es algo fantástico, no tenemos dimensión, China, Brasil, Rusia, Indonesia, Chile, son el 70%. Y uno más te digo, pollo, Venezuela, Chile, China, Sudáfrica, Rusia, Vietnam y Angola es el 80% de las compras. O sea, este es el otro tema que hay que ver, dónde están los mercados para los productos relativamente básicos que la Argentina puede proveer, pequeños animales, lácteos, granos, algunos con un poco más de elaboración, están en el mundo que está desarrollándose, no en Europa o en el mundo desarrollado donde podremos entrar con un corte angus determinado que vale tanto, pero que no nos hace el volumen, el volumen lo hacemos vendiéndole a África, al Asia Central, se han hecho parvas de misiones a todos estos lugares. Pero fíjense que yo les mencioné Angola, gran comprador de pollo, y cuando fue la misión de Moreno a Angola todo el mundo se lo tomó a la risa, ¿cómo un funcionario argentino va a ir a hacer la mersada esta de ir a ver el mercado de Angola? No, señores, esos mercados son fundamentales, los de África. ¿Vos sabés cuál es el segundo comprador de alas de pollo de la Argentina? Las Islas Comoras, que es un país chiquito que está al norte de Madagascar, no sé cuánta gente habrá ahí, muy poca, bueno, son nuestros segundos compradores de alitas de pollo que hace a la integración del valor. Entonces, ahí tenemos que estar, tenemos que estar en China con los lácelos, en Vietnam, y ahí se está yendo. El discurso privado es que cuando van mal las cosas es culpa del gobierno y cuando van bien es mérito de los privados, y lo ideal sería que cuando van bien sea mérito del privado y del gobierno, porque con uno sólo no alcanzamos, pero hay que reconocerle al gobierno.

ES: También creo que es importante clarificar y no instalar conceptos que confundan y que irriten innecesariamente, tenemos que poder ir encontrando los puntos en común. Me me causó muy buena impresión el planteo de Pérsico, de las conversaciones de los últimos años, con distintos actores del sistema productivo y de las cadenas y demás, como fue cambiando su opinión y como también otros fueron cambiando la opinión sobre él, juntándose a conversar y a dialogar, y creo que eso es un ejercicio que hay que seguir profundizando, para poco a poco ir llegando a poder definir una mirada más estratégica que atajar las coyunturas y las peleas coyunturales que nos están haciendo perder el tiempo, dado que tenemos una plataforma sumamente interesante para producir los insumos básicos de la alimentación, para hacer alimentos, que estamos empezando, pero que tenemos mucho camino por recorrer.

JPP: Otro de los temas que también es importante en este modelo agroindustrial es tratar de producir todo lo que requiera el agro internamente en vez de importar, o sea, sustitución de importaciones. Estuve preguntando por la instalación de las fábricas de maquinaria agrícola en Argentina, y digamos que hicimos el paso uno, que es el ensamblado de los equipos localmente, los componentes siguen siendo importados, se ensambla. ¿Está bien o está mal? Yo creo que está bien, si en vez de comprar una máquina tal cual, lista para usar, la podemos ensamblar acá, con trabajo argentino, con obreros argentinos sindicalizados que ganan bien y tienen un trabajo de calidad. No es como el productor de arándano que va la familia y toda una cosa bastante endeble institucionalmente, no, tener una fábrica en General Rodríguez para que acá se ensamble una cosechadora implica que el tipo que se meta a trabajar ahí tiene toda la cobertura social habida y por haber y esté contenido y encuadrado laboralmente. Si pudiéramos que cada una de las partes que usa la cosechadora o el tractor se fabrique localmente sería todavía mucho mejor, pero hemos dado el primer paso. La respuesta final a cómo logramos que esto donde decimos sí hay un consenso en torno a que las cosas, haya un desarrollo agroindustrial, la respuesta es la política, porque en definitiva lo que marca el norte en las medidas macro es la política.