Revista Sinapsis – Interés General

Qué uso le damos a la tierra y cómo modificamos la naturaleza. Intelectuales y artistas conversan con los que manejan los recursos, promueven políticas y diseñan los alimentos que comemos.

Martín Fraguío + Matías Longoni

 

Martín Fraguío
Martín Fraguío

 

Martín Fraguío: Me gustaría volver atrás a cuando yo terminé el secundario a principios de la década del ’70, y decidí irme a empezar la facultad en Japón. Que suena un poco extraño, porque yo soy Ingeniero Agrónomo, me recibí de agrónomo acá pero en realidad mis primeros tres años de facultad en Tokio los pasé tratando de entender qué es lo que estaba pasando. A mí lo que me decían en esa época es Japón es el país del empleo barato, la planificación, opresión de la gente que producía chucherías. Entonces me pareció interesante entender. Resumí cuál era el debate económico de la Argentina en ese momento, se discutía cuando se discutían modelos productivos y desarrollo, y creo que es bastante parecido a hoy. Se discutía inflación, si es alta, si es buena o mala, de quién es la culpa, es la culpa del gobierno que emite, o tienen la culpa de la inflación los comerciantes. El tipo de cambio, si es alto, es bajo, si hay que usar el ancla cambiaria para contener la inflación. Siempre los procesos inflacionarios y el tipo de cambio anclado terminaron en una devaluación que terminó licuando los gastos del Estado y los del sector privado, que con eso fueron más competitivos, pero terminó la gente pagando con ingresos per cápita, ingresos reales, de las personas, disminuidos, o menores, esto no es algo nuevo de la última devaluación, sino que viene desde que yo era chico seguro.

Argentina era el país rico, de las vacas, del trigo, una industria automotriz prestigiosa, que tenía algún valor, y Japón era el país agrícola, pobre, de los pequeños pobres productores en el medio del campo, aislados, que venían de muchas décadas de pobreza. Ellos se definían como los pobres agricultores del campo que trataban de zafar. Entonces cuál era el primer punto que planteaban estos economistas, los que estaban en el Miti, el Ministerio de Industria, que eran profesores míos de la universidad, el primer punto tiene que ver con que el desarrollo está centrado en la persona, los modelos productivos de un país, para que puedan ir a algún lugar, el eje tiene que estar puesto en la persona, en el progreso de la persona. Que esa persona salga de su pobreza, hambre. Japón es un país que pasó muchísima hambre como muchos países asiáticos, entonces se medían ellos a partir de metas, ya en la década del ’70 tenían casi 20 años de venir cumpliendo ciertas metas. La primer meta alrededor de la persona era aumentar el ingreso per cápita, lograr que esa persona a medida que pasa el tiempo tenga un ingreso mejor, si empezó en una granja de arroz donde él plantaba el arroz con la mano, que 20 años después tenga un ingreso mejor, quizás haciendo otra cosa, podía ser con el arroz pero posiblemente incluya otro tipo de cosas. Entonces esto claramente en esa discusión de ese momento, porque Japón era además un país muy pobre en el final de la Segunda Guerra, no podía ese aumento del ingreso per cápita de la mejora de las personas en sus ingresos salir ni de planes ni de subsidios, ni de empleo público, eran cosas que estaban totalmente vedadas. El gobierno tenía que tener la cantidad justa de empleados para cumplir su función, y la gente tenía que generar sus ingresos a partir de puestos de trabajo productivos, de un empleo que a medida que pase el tiempo ese empleo vaya generando condiciones de mayor nivel de ingresos para esa persona, más productivos, con más capacidad, con más tecnología. Estos puestos de trabajo que iban permitiendo un aumento de ingresos con el tiempo y que iban mejorando la calidad de vida de esa persona y de su familia, lo que necesitaban era mayor tecnología y mayor conocimiento de la persona. Entonces esa persona que empezó plantando arroz con la mano y que quizás después tenía una pequeña inyectora de plástico, empieza a necesitar una estructura de conocimiento para él tener conocimiento, por lo tanto, el sistema educativo tenía que generar en estas personas una capacidad para desarrollar actividades económicas y para ocupar puestos de trabajo cada vez de mayor nivel y mayor tecnología. Por lo tanto el segundo pilar de esto es que el sistema este y el debate tenía que estar orientado a desarrollar más tecnología para que esa persona en su puesto de trabajo, ese mayor nivel de conocimiento que necesitaba, iba aplicado a un puesto de trabajo. Era clave que la educación fuese la base para empleos cada vez más avanzados y complejos y el desarrollo tecnológico era el segundo pilar. Primer pilar educación, segundo pilar desarrollo científico tecnológico, y tercer pilar era conocimiento de los modelos de negocios, entendimiento de qué es lo que significa producir un bien, puede ser un bien orgánico o puede ser una artesanía, pero entender cómo es la escala de producción de ese bien, cómo es el desarrollo tecnológico vinculado con ese bien y su acceso al mercado.

Esta visión del modelo de negocios que para nosotros es fundamental en el trabajo que hacemos en Maizar de la cadena de valor, en ese momento que era algo muy importante, no era solamente producir y no saber qué pasaba, que utilidad tenía, a dónde iba ese producto. El segundo pilar de este debate, primero era la persona, su educación, su tecnología y su conocimiento de qué significa desarrollar actividades económicas. El segundo pilar es el de la inversión, porque para lograr que esa persona ocupe un mejor puesto de trabajo y evolucione de su actividad individual a incorporar a su hijo, a tener un empleado, a tener una máquina, él necesita capital, tiene que invertir, alguien tiene que poder ayudarlo en el desarrollo y la construcción de eso, que puede terminar siendo una micro pyme individual o puede terminar siendo una empresa grande. Lo que es interesante es que cuando se pensaba en función de las inversiones, el mensaje del gobierno era el siguiente. Para mejorar los ingresos de las personas y poder salir de la pobreza necesitamos invertir más, en el campo, la industria, el comercio. Para poder invertir más tenemos que ahorrar, tenemos que ser un país muy ahorrativo. Y todavía si se fijan en Asia los niveles de ahorro de la sociedad y en Japón también, los niveles de ahorro son muy altos, ellos creen que esa es la clave para la prosperidad y para salir de la pobreza y para ser un país de gente próspera y rica, que es lo que ellos soñaban en ese momento, obviamente esta discusión en Japón ya pasó hace 30 años, hoy la discusión es otra. Para ellos la clave de la inversión y del capital era el ahorro, y no la lucha en contra del capital, nunca se les ocurrió agarrar y tirar por la ventana al sistema financiero como creo que tuvimos la mala suerte en Argentina algún día de hacer y creer que eso nos daba alguna solución, porque en realidad se dan cuenta de que atrás hay personas que ahorraron y que pusieron su dinero ahí. Entonces en esos años tampoco se estimulaba un gasto desenfrenado, no se estimulaba que las personas consuman mucho, hoy se trata de que en Japón la gente consuma y todavía siguen teniendo esa visión de que no, tenemos que ahorrar y el ahorro es lo que nos va a salir de la pobreza y es lo que los mantiene en cierta manera en el nivel como de estancamiento. Entonces ellos en esa visión que trataron de instalar era tenemos que esforzarnos mucho, tenemos que estudiar mucho y nuestros hijos tienen que formarse muy bien, y tenemos que ahorrar mucho para eso canalizarlo a los puestos de trabajo que necesitamos. Para ellos esa inversión en el campo, en la industria, en el comercio, eran la base para construir cadenas de valor competitivas, y este era el camino para lograr ese aumento del nivel de ingreso per cápita, muchísimo menores que el del argentino medio en la década del ’70 hoy lamentablemente no. ¿Cuál es el tercer pilar? El primero es la persona, el segundo es el capital y el rol del ahorro, y el tercero es el mercado y el comercio. Y lo que es interesante es que lo primero que prioriza Japón cuando sale de la Segunda Guerra Mundial, es su capacidad de comercio internacional, el primer sector que reconstruyen es el sector de comercio internacional. Y por qué crean esta recreación de grandes empresas internacionales, primero para poder abastecerse de materias primas, porque Japón salvo un poco de arroz y de té que son sus productos agrícolas tradicionales, no tiene mucho, pero también porque ellos veían la importancia que tenía para ellos en la posguerra poder exportar sus productos, el comercio es una de las actividades que agrega más valor, ese era el mensaje, el comercio es clave, sin una actividad comercial no podemos salir de la pobreza, el aislamiento y el atraso. Al pensar en esto del comercio, para ellos, uno de los temas claves, y se ve hoy en China, y se vio en Corea, en Taiwán y en los otros países, la formación de precios tiene que ser dada en un mercado, no va a surgir de un secretario, de un ministro que tenga una lista de precios, esos precios se van a formar en un mercado. ¿Qué características tiene que tener el mercado? Transparencia. La operación del mercado tiene que ser conocida, no puede haber operaciones ocultas y tampoco puede haber posiciones dominantes. Pero cuando uno piensa en una sociedad moderna, que vende desde una artesanía, un maíz orgánico o el chip más tecnológico, la clave es poder llegar a un mercado, convencer y ser algo que agrega valor a quien lo demanda, que lo elige voluntariamente. Y lo que es interesante en esta visión de los dos países jamás escuché a nadie allá decir ni que eran piratas, ni acaparadores ni especuladores, sino al contrario, el mensaje es que es una profesión muy compleja, y que requiere mucha educación y mucho conocimiento, y esa gente que se dedica al comercio mejor que estudien bien, y la sociedad les va a exigir para que hagan las cosas como corresponde, y no permitir que haya algunos, como hoy en Argentina se ve claro en algunas cadenas de valor, donde hay un sector de la cadena o dos sectores de la cadena que tienen un poder enorme y que condicionan el desarrollo de mucha otra gente y la única forma que los otros pueden sobrevivir es cada vez siendo más grandes.

El otro tema interesante, por qué los países del mundo pensaron antes de la Segunda Guerra Mundial que la ocupación militar y la colonización de esos territorios ocupados era la solución, y por qué después de la Segunda Guerra Mundial nunca pasó. Países como Alemania, Japón, Inglaterra, Francia, Italia, Bélgica, Holanda, tenían colonias por todos lados, y creían que ese era el modelo de desarrollo, y sin embargo termina la Segunda Guerra Mundial y el foco claramente para el desarrollo de los japoneses, son las exportaciones, no la imagen que todavía discutimos en Argentina vivir con lo nuestro. Y el mundo entendió eso y obviamente para los japoneses las exportaciones, igual que hoy para los chinos, el desarrollar proveedores externos, mercados externos, es una de las claves principales que ellos usaron para poder mejorar su ingreso per cápita y salir de esa pobreza y ese atraso que llevaba tanto tiempo. Es notorio como en nuestra discusión en Argentina nos cuesta tanto valorizar esa actividad y quizás lo que nos pasa como sociedad, que muchas veces desvalorizamos lo que hacen los otros. Yo creo que viendo lo que se educan y el esfuerzo que hacen por educarse muchos otros países del mundo, creo que nosotros en Argentina lamentablemente no lo hacemos y a veces en cosas tan simples como estas, de la importancia de llegar a un mercado y poder vender nuestro producto. En resumen, yo lo que propondría es encaminar este debate para el desarrollo de los modelos productivos a través de estos tres puntos, tratar de salir de la dinámica histórica nuestra, que es enfrentarnos y tratar de primero enfocarnos en la persona y su progreso. Entonces el primer punto, creo que debemos trabajar sobre la persona y su progreso, la educación, el acceso a la tecnología para desarrollar su actividad económica que él quiera realizar y que le permita cumplir sus sueños de progreso económico y social. La inclusión laboral de las personas en modelos de negocios racionales y que tomen en cuenta la escala. Entonces ayudar también a que el conocimiento de los modelos de negocios, de las cadenas de valor, que demandan capacidad, competitividad y educación. Y creo que hoy hay en Argentina un ámbito muy interesante que es el Ministerio de Ciencia y Tecnología. Hoy el ministro de ciencia y tecnología se puso al hombro el desarrollo de una palabra nueva que es la bioeconomía, y me parece que la bioeconomía nos ayuda a entender el rol que juegan muchos de los sectores de nuestra sociedad, el agro, los residuos que generamos como sociedad, la industria de los alimentos, la farmacia, la biotecnología, las universidades, y me parece que alrededor de esas cosas, y sobre todo con iniciativas como estas donde hay un ministro que creo que es una persona que ve el horizonte posible de un país como el nuestro, podemos tomar ese tipo de ideas y alrededor de eso ir desarrollando las actividades de las personas. Primero punto la persona. Segundo, el capital. Promover la inversión en puestos de trabajo, que sean tanto en empresas pequeñas, medianas, o grandes, pero con racionalidad productiva, estimular el ahorro y que este sea canalizado a la producción y de vuelta construir cadenas de valor que nos permita ser competitivas en el mundo. Y el tercer punto es el comercio. Y ahí yo creo que debemos como sociedad valorizar la actividad que significa el comercio sobre todo a partir de la educación, y eliminando los perjuicios. Promover el acceso al mercado de cada uno de los productos, porque esto es la llave para que las producciones, desde aquel pequeño que empieza, un mediano, un grande, puedan crecer y puedan ser más competitivos, y si están en una escala, en un tamaño que todavía es muy chiquitito y no van a sobrevivir, ayudarlo a que a través del acceso al mercado, y luego de la inversión, y la capacitación, y la tecnología, puedan llegar. Y esto debería ayudarnos a reinstalar a la Argentina como líder agroalimentario en el mundo, y volver a lograr un prestigio y una reputación que permitan lograr el mayor valor agregado para cada uno de nuestros bienes y servicios. Porque la Argentina viene hace 140 años, exportando muchas cosas, pero fuimos logrando cada vez que nuestros productos siempre tengan menor precio porque somos como una especie de exportador de saldos.

Matías Longoni
Matías Longoni

Matías Longoni: Coincido con Martín en que estamos discutiendo un mosaico de dogmas pequeños, que todavía no han logrado fundirse en un debate, en un marco que los contenga a todos, que debería ser la Argentina. Entonces en esto que marcaba Martín que, en realidad, en estos 20 años de periodismo agropecuario, yo que un poco puedo verlos a todos, y tengo la obligación de leerlos a todos, empezando por la ultra de Héctor Huergo por ejemplo, y Aapresid y el modelo intensivo al mango que no se cuestiona demasiadas cosas, pasando un gradiente por gente como Martín, que habita con ellos pero por otro lado tiene otros interrogantes más allá de los que tienen las corporaciones, piensa en un país, pasando por la agricultura orgánica, pasando por, la comunidad campesina, que en realidad parece desplazada por este modelo agrícola, cada uno de ellos tiene su modelo de país agropecuario, y en general se plantea como antagónico de los otros, como víctima o como victimario, en un mosaico que no logra componer lo que debiera ser un país. Entonces lo que voy a preguntar, ¿es efectivamente imposible la coexistencia de modelos? Porque me parece que es cierto que la política argentina tiene ese rasgo, y cuando discute modelos agropecuarios discute a partir de esto, de tratar de imponer respecto al otro y no conciliar en función de finalmente el sujeto argentino que debiera ser el protagonista de esta historia. Digo, veo, así, y si tuviera que hacer un racconto de 20 años, las corporaciones han en general establecido el ritmo de los sucesos y el movimiento orgánico encuentra su lugar en el mundo, pero todos a partir de una lógica de confrontación con otro modelo. Entonces, Martín, ¿es imposible la coexistencia? ¿Tenemos que esperar que uno se imponga a otro y listo y desaparezcan las comunidades campesinas o es posible un abanico diferente?

MF: Me parece que si volvemos al caso de Japón donde había sido una sociedad muy clasista siempre, y esa clase más militarista es la que la lleva a la concepción de la ocupación y de la estructura militar en la sociedad, en la Segunda Guerra Mundial desaparece. Y es una sociedad que no busca un nuevo liderazgo autoritario. Lo que desaparece es como una necesidad de la sociedad de tener un líder que les diga que tienen que hacer las cosas. Y a mí me parece que en Argentina una de las cosas que nos pasa es que nos cuesta entendernos entre nosotros. Ustedes imagínense la cadena de valor del maíz, donde nosotros en la misma mesa, Maizar tiene 25 miembros de comisión directiva, 5 por cada sector, 5 del sector científico, 5 de los productores, 5 de los proveedores de insumos, 5 de la industria, carne, leche, pollo, cerdo, huevo, etanol, molienda seca, molienda húmeda, biogás, y 5 de la cadena comercial, bolsas, exportadores, argentinos, extranjeros. Si no logramos que entre ellos se entiendan, si no logramos que cuando uno dice blanco los demás entiendan blanco estamos fritos. Y para nosotros lo más importante es tratar de construir primero esa capacidad de comunicación, que cuando uno dice una cosa los demás estén dispuestos a escucharlo atentamente, y si tienen alguna duda, antes de insultarlo o decirle alguna barbaridad ir y preguntar. Yo creo que lo que nos pasó en Argentina, y que quizás mucho de esto tiene que ver con los gobiernos militares, es preferiblemente mirar a alguien para arriba que resuelve todo y yo me voy a mirar el fútbol, o me voy al campo, o me voy a alguna otra cosa. La destreza más importante para nosotros en Maizar es el desarrollo de la capacidad de comunicación, cuando alguien dice algo escuchémoslo, respetémoslo. Yo creo que la dificultad que tenemos los argentinos es de dedicarle más tiempo a entendernos, escucharnos, y después tiempo a sentarnos a negociar, que estar mirando quién es el que manda, el que decide y me lavo las manos y no me ocupo.

ML: Esto venía a cuento de mi siguiente reflexión, pregunta. Porque es cierto que nosotros somos un mosaico de modelos que todavía no han logrado comunicar y en todo caso definir este pacto de coexistencia. Pero también es cierto que hay un Estado, que debiera ser el árbitro o el gestor de esa convivencia, que en realidad en cualquier negocio que rasques, el tipo está arbitrando a favor de ciertos intereses y en contra de otros en la cadena. Agarro la vaca y te digo las curtiembres son protegidas por Industria desde hace 20 años y tienen un régimen que las deja y joroban al frigorífico y al ganadero, el cuero se va a China y vuelve en forma de zapato. Hablás de maíz y te digo che pero estamos destrozando a todas las comunidades del norte que tenían maíces autóctonos y originarios en función de un modelo intensivista que piensa en los 150 quintales y nos olvidamos del otro, y el Estado ahí no hace nada porque no hay ni siquiera un banco de germoplasma. Siempre el Estado toma, digo, se puede digamos, porque es cierto que nosotros no nos escuchamos pero en general quien debe arbitrar es un gran ausente en este ejercicio. ¿Qué pensás de esto?

MF: Nuestro Estado y nuestros funcionarios somos nosotros, no vienen de otro lado y es nuestra responsabilidad, y yo creo que en eso el sector agropecuario que en el 2008 recibió un gran apoyo en gran medida gracias al periodismo agropecuario que explicó con claridad, no existe un país del mundo donde los impuestos a la exportación estén, al contrario, todos los países del mundo tratan de subsidiar porque saben que la exportación genera tanta riqueza que por cada dólar que vos subsidiás. Pero el Estado somos nosotros, entonces nosotros somos los responsables. En el 2008 hubo gran apoyo de la sociedad, algunos agrodiputados, y de esos no quedó nada, creo que la responsabilidad es nuestra. Hoy la ministra de agricultura de Brasil es Kátia Abreu, quizás ustedes no saben quién es Kátia Abreu. Senadora, presidenta de la CNA, la Confederación Nacional de Agricultura de Brasil, y ellos trabajan mucho en ese rol de lograr que el sector público respete los derechos del chiquito, el mediano, el grande, y que haga que ese sector progrese. Y fue muy importante en Brasil el trabajo de algunas universidades, una fue la Universidad de San Pablo, hay un programa que se llama Pensa que trabajó mucho en esto, de la formación de líderes en entender cómo es que funcionan los negocios reales, y como Brasil un programa que importaba prácticamente todo, poder empezar a exportar y a ser competitivo en el mundo. Pero me parece que la clave de eso no es decir el gobernante es malo, sí es muy probable que sea malo, sobre todo si pensamos que un día podemos empezar a progresar y que el del futuro debería ser mejor. Creo que cualquier país razonable debería decir, yo voy aprendiendo cómo votar, con toda mi familia, con las otras comunidades, aprendemos y vamos votando cada vez gente mejor, y no dejarse tentar por un montón de cosas que finalmente cuando uno ve el trasfondo en muchos casos es simple corrupción o cosas disparatadas. Que un Parque Nacional esté compitiendo y que sea el que se ocupa de restringir y eliminar a la comunidad Qom me parece que es algo que no es racional.

ML: No, sin duda. Un día en un programa de radio que yo hacía le puse un desafío a Martín, que era que en dos minutos me tenía que decir 20 posibilidades del maíz como para agregar valor. Creo que lo hizo en 30 segundos. Está siempre este debate, el agregado de valor, el maíz como un producto de los que más potencial tiene para eso. Porque uno de los serios problemas de la Argentina es no nos dejaban exportar maíz, y a mí siempre me sorprendió que nos ufanemos de que somos el segundo exportador mundial de maíz cuando los países desarrollados en general industrializan y convierten su maíz. ¿Ustedes ahí en Maizar discuten esto? ¿Está bueno exportar el 70% de maíz o el modelo es otro?

MF: Totalmente, vamos a algo un poco técnico. El tema es así. Cuando un país exporta un producto el precio de exportación se forma sobre lo que se llama la paridad de exportación, o sea, supongamos que exportamos maíz a Japón, ¿cuánto está pagando el japonés por su maíz puesto en el puerto de Yokohama respecto al maíz que va antes de China, o de la India, o de otro país? Bueno, el de la Argentina va de mucho más lejos. A ese precio de allá hay que descontarle flete, hay que descontarle los gastos de ponerlo arriba del barco, los impuestos a la exportación, y ahí da el precio del maíz en el mercado interno. Entonces cuando nosotros exportamos tenemos el precio más bajo del maíz. Los países que no exportan o que están equilibrados tienden a tener como una situación dual donde su precio normalmente es mucho más alto que el de la paridad de exportación, y tiende a oscilar, por ejemplo países como Uruguay o Sudáfrica, como no tienen capacidad de exportación e importar les sale muy caro, suelen tener mercados muy volátiles. Entonces un país que es capaz de exportar mucho, y por eso Brasil viene creciendo para exportar mucho, un país que exporta mucho grano, lo que logra internamente es la oferta para su industria local, estable en el tiempo, y de menos precio, aunque el precio se fija internacionalmente, pero de menos precio que los otros. Cuando hablamos de esto, ¿cuál es la relación? Por ejemplo hoy el maíz en la Argentina, en una empresa que lo consume, un molino, una empresa de pollo, de cerdo, o un tambo que lo consume en el sur de Córdoba supongamos lo está pagando 90 dólares. Si nos vamos a Chile que importa prácticamente todo el maíz pero nos exporta a la Argentina carne de cerdo, ellos el maíz lo están pagando alrededor de 200 dólares. Si nos vamos a Brasil que exporta un porcentaje mucho menor lo está pagando 160 dólares, según donde esté. Si nos vamos a Estados Unidos también 190 dólares. Si nos vamos a Japón 270. Entonces al final todo esto son discusiones bastante técnicas de análisis de modelos matemáticos de funcionamiento de los mercados, qué pasa con la oferta, qué pasa con la demanda, cómo se forma el precio. Cuanto mayor es el volumen de maíz que la Argentina tenga para exportar, más estable y más bajo va a ser el mercado interno. Por suerte la Argentina es un país tan enorme que nosotros podríamos producir el doble de maíz sin ningún problema. Si produjéramos eso y nos transformáramos en el segundo exportador mundial de carne vacuna cuando hoy somos el 14, en el tercer exportador de carne de pollo cuando somos el décimo, Brasil exporta casi 4 millones de toneladas de carne de pollo y la Argentina 300 mil, pero nuestro maíz es mucho más barato y estamos importando carne de cerdo. Entonces me parece que en todo esto que yo decía, la racionalidad de los modelos de negocios, también tenemos la mala suerte de que en las facultades de agronomía no se estudia mucho esto, en las facultades de economía tampoco se estudia esto, y en las carreras de administración de empresas se enseñan los negocios más urbanos, no se enseña mucho de todo esto. Pero creo que hay un tema clave de formación en la concepción de los negocios que es lo que debería ayudarnos a salir de este dilema, de estas discusiones, si es bueno exportar o no.

ML: Hoy exportamos el 50, 60, 70% del maíz a granel, ¿cuál es el ideal?

MF: Bueno, vamos ahora a los sectores. La cadena del maíz termina en varias industrias. Hoy el consumidor más importante es la carne vacuna. La Argentina es un país de pastizales, que tuvo antes que las personas no sé, decenas de millones de vacunos. Esos vacunos viven en pastizales que hay épocas del año que el pasto no produce. Porque hay frío, porque hay una sequía, entonces el cultivo de maíz, el cultivo de sorgo son ideales para rellenar esos baches de escasez de forraje. Si nosotros en lugar de haber perdido los 12 millones de cabezas, y de haber perdido de exportar, yo creo que este año deberíamos estar exportando un millón y medio de toneladas de carne vacuna y vamos a exportar 120 mil. Si hubiéramos mantenido esa dinámica habría mucho más maíz transformado en carne vacuna, pero el precio también sería un poquito más alto. Segundo, el segundo consumidor son los pollos. La industria avícola argentina aunque creció mucho en los últimos 10 años todavía es demasiado chica, en escala, en tamaño, son empresas familiares no demasiado grandes, que no tienen acceso a los créditos que tienen sus competidores, una empresa avícola brasilera consigue un crédito a 30 años y tiene 5 años de gracia.

ML: Acá les dimos el bicentenario…

MF: Claro, a pagar a 5 años con un año de gracia, que son créditos subsidiados que alguien también los paga. Creo que si nosotros pudiéramos lograr cambiar la base de debate, estos sectores tienen un potencial enorme, hay mucha gente en Argentina que tiene vocación de producir carne, pollo, productos de la molienda, biocombustibles, o sea, con muy poco maíz la Argentina podría dejar de importar, nafta y otros productos energéticos, pero me parece que hay como ciertas barreras que vamos a tener que superar. Inclusive la Argentina podría dejar de importar carne de cerdo, por ejemplo Chile es un país que importa casi todo su maíz, siembra sólo 70 mil hectáreas, y Chile es el exportador de la carne de cerdo más cara del mundo.

ML: Y de carne vacuna a Japón, se provee de Argentina y después la carne vacuna libre de aftosa a Japón a valores 5 o 6 veces más.

MF: Claro. Y lo loco, porque uno dice bueno, Japón un importador de alimentos neto, nosotros hace un par de años en el congreso de Maizar invitamos a un directivo de una corporación del gobierno de Japón que se llama Alik que se dedica a garantizar el abastecimiento de forraje a su industria de producción animal, la leche fluida ellos quieren que sea fluida entonces tienen sus vacas, y él nos contó que Japón había sido muy exitoso en instalar la cocina japonesa. Ellos se habían puesto como meta hace unos 25 años instalar en el mundo la cocina japonesa, ahora hay restaurantes de sushi por todos lados. Bueno, estuve con uno de estos directivos hace una semana, ellos vienen a la Argentina y me contaba que, hay una raza japonesa que se llama Wagyu, que acá en Argentina hay un par de criadores, y que ahora la estrategia de ellos es transformar a Japón en exportador de carne de Wagyu producida en Japón. Para ellos nada es imposible en esa visión de que el comercio puede ser porque decís, si exportás Wagyu desde Japón el Wagyu en Japón va a ser más caro o no va a haber, y es posible que haya un poco menos o que tengan que reorganizarse.

Público: Lo que pasa es que muchos de esos países se han convertido en exportadores de productos de alta calidad, creando la necesidad para un cierto público y como vos decías la Argentina es un exportador de saldos.

MF: Esa palabra es letal, que un país se posicione a sí mismo como, lo que me sobra veo qué hago, te liquida. Y barato. Y eso es letal porque cuando uno discute estas cosas en los países del mundo una de las cosas que más se valoran son las marcas país, y la Argentina es un país que es extraordinario en marcas país, tener palabras como el gaucho, el tango, la Pampa, la Patagonia, que se asocian directamente con nuestros productos.

ML: La gran pregunta que me hago yo es si es una decisión soberana, Argentina produce para el mercado a granel, sin gran valor agregado, de modo muy intensivo, sacrificando medio ambiente, con un modelo extractivista, o es una decisión que no es soberana sino que la decide el globo, el mundo, y ese es el rol que nos han asignado.

MF: Yo creo que no, yo creo que en el caso de la carne vacuna, todos los países del mundo se enojaron cada vez que hicimos algún lío con la carne vacuna, hay que acordarse cuando va el presidente Kirchner creo que fue en el 2006 a Moscú, que se acababan de prohibir las exportaciones de carne, y lo que dicen los que estaban ahí, es que lo primero que le dijo fue un montón de cosas malas porque para ellos la carne argentina era la clave, Rusia nunca nos compró la carne más cara, pero me parece que todavía hoy, cuando los alemanes, se acuerdan después del mundial que hicieron el bailecito del gaucho, en la visión popular para mí del alemán que festeja que su equipo ganó, lo que estaban festejando era que la Argentina era el tipo que tenía la mejor carne del mundo, cuando uno lo analiza, esos tipos nos decían los gauchos pero nosotros dejamos de mandarles carne y los restaurantes alemanes hoy no ponen más carne argentina.

ML: Pero vos coexistís con gente como Monsanto, con Cargill, son parte, con todos en una asociación de cadena. ¿No te da la sensación de que ellos trabajan para otro modelo que no es el de agregado de valor?

MF: Yo lo que siento, y esto es algo personal, es que las personas que hacen a esas compañías multinacionales son argentinos, y que ellos inclusive en muchos casos mucho más que los propios empresarios argentinos, les gusta esta discusión del valor, de la presencia, no como una discusión de responsabilidad social empresaria, nosotros no somos una entidad de responsabilidad social ni una entidad de caridad, no somos la cámara del maíz, somos una entidad para el desarrollo, somos una ONG que quiere que el país se desarrolle, que le vaya bien. Y muchas veces es mucho más fácil discutir esto con el directivo de una multinacional que el tipo trabajó en diez países, y que en esos países lo metieron en la comitiva de la escuela, la de la parroquia, que con empresarios argentinos que muchas veces en realidad prefieren no discutir esto, por eso yo creo que hay una necesidad de cambio de nuestro propio empresariado. Muchas veces el empresario argentino no valora lo suficiente su rol más allá de su propio negocio, y yo creo que eso no es suficiente. En un país que el empresario su principal preocupación sea salvarse o ver cómo paso la próxima crisis, por eso nosotros en Maizar trabajamos tanto en esto de meterlos adentro, de discutir, acá hay que discutir, hay que discutir soluciones concretas, no podemos discutir quién es más malo, quién es más tonto de los funcionarios, o quién fue el peor gobierno, eso es inaceptable. Tenemos que pensar cómo es que se encuentran soluciones concretas a los problemas que tenemos que definir con precisión. Debemos agarrar un tema, definamos con precisión el problema, y tratemos de buscar la solución adecuada y después quién debe ejecutar esa decisión. Y la verdad es que para mí las empresas multinacionales que están en Argentina, cuando uno mira la historia, y esto lo discutimos en muchas oficinas del gobierno, muchas veces en los peores momentos de crisis de la Argentina fueron las que vinieron e invirtieron y mantuvieron el empleo.

ML: ¿La soja es un problema? ¿Tanta soja es un problema?

MF: Yo creo que la Argentina hace muchas décadas era como el Titanic, y un día lo hundimos, o lo fuimos hundiendo de a poquito y la soja para mí es el salvavidas, es el salvavidas, no nos quedó otra cosa, no hubo otras cosas.

ML: Lo que pasa que no podemos estar en eterno sobre el salvavidas.

MF: Ese es el tema, el tema es cómo. La soja nos ayudó, generó dólares, estabilidad, dólares para que el gobierno se financie, deberíamos pasar la crisis pero deberíamos volver a ser el país, yo tengo una transparencia donde muestra cuáles son los productos, que son como 100, donde la Argentina es líder, desde la pera, la manzana, pero hay cientos de otros productos donde podríamos, pero claro, hay que pensar con racionalidad comercial, marca país en los mercados, cadenas comerciales del tamaño que tienen que ver. Un último ejemplo. El sector avícola brasilero, que esto lo dice uno de nuestros socios que es el doctor Roberto Domenech de CEPA, la Cámara de Empresas Avícolas. Brasil en los últimos 10 años logró en Europa una cuota de 700 mil toneladas, y la Argentina 700. Bueno, hay mucho de destreza diplomática, pero ¿cómo hizo Brasil para lograr que los europeos? Empezó a comprar con plata brasilera empresas de distribución de alimentos en Brasil y empezó a priorizar las exportaciones a Europa, empresas de distribución, empresas europeas, que empresarios brasileros con ayuda de capital brasilero y el Banco de Desarrollo a pagar a 30 años, empezaron a comprar. Entonces yo creo que hay toda una concepción del rol de los empresarios, el crecimiento y las personas que todavía en Argentina nos debemos.

ML: Yo creo que el principal problema del campo, y englobo a todo, aunque está mal englobar a todo, es la carga de prejuicios que tiene todavía encima y que son usados muy hábilmente por la clase política para mantener un status quo que ya está costando cada vez más mantener porque es el que nos lleva a una crisis recurrente cada 12 o 13 años, el modelo de los últimos 50 años, que no tiene que ver con industria versus campo, que no tiene que ver con urbe contra ruralidad. Que tiene que ver con esto, extracciones y negocios, muchas veces teñidos de corrupción estructural, que produce grandes transferencias de sectores a otros y que no tiene que ver con ideologías en pugna, sino justamente con el status quo de mantener estos negocios y una clase política que trabaja muy hábilmente para sostener en general desde el Estado ese tipo de negocios.

Así puedo decir que los dos grandes debates ambientales en el sector agropecuario han crecido al margen del debate público, los transgénicos, al margen del debate público, y ya empieza a haber un cuestionamiento al modelo ganadero intensivo de feed lot de entidades ambientalistas que de golpe se tropezaron con la realidad, que también apareció de golpe y emergente de estos pactos de convivencia avalados por el Estado, sin debate público, se encontraron con que el 40% de la faena ya es de feed lot, y 60% restante la mitad se suplementa a campo, lo cual puede ser un modelo virtuoso de complementación, pero que tiene sus efectos colaterales ambientales.

Una clase política que ha sido cómplice de ese silencio de la construcción del modelo agropecuario, que es un modelo agropecuario orientado por intereses más ajenos que propios, hay que volver a reposicionar el interés propio, este interés propio hay que hacerlo a partir del habitante, del argentino, de la comunidad, y volver a resignificar el agro en función de esto, de las personas. Yo siempre hacía una pregunta cuando discutíamos la cuestión chacarera, Argentina producía en los ’80s este debate, es el eje del debate que me parece que hay que empezar a volver a dar, que no quiere decir retroceder de la producción, pero quiero decir para quién trabajamos, un campo producía en los ’80s, 40 millones de toneladas, y ahora produce 110 millones de toneladas, evidentemente hay una producción mayor pero la mayor parte de los productores a los cuales vos les preguntás eran más felices en aquella época. Tenía otro lazo, con su campo, con su pueblo, entonces evidentemente ahí también hay que volver a discutir porque el sector por lo menos en la economía pampeana estamos discutiendo el agro, estamos generando un modelo agropecuario que no está discutido a partir de los que lo integran. Se ensaya algún tipo de resignificación de los roles y como la gente se sigue sintiendo contenida aunque cambian sus experiencias, pero, ¿éramos más felices antes o ahora? ¿Este modelo de intensificación es bueno para nosotros o es bueno para el resto del mundo? Este es un poco el debate que se merece el sector agropecuario. Para eso necesita recuperar el Estado, recuperar la cosa pública, que sus modelos no sean producto de procesos que se dan a espaldas de su sociedad, y esto ha sucedido con la intensificación ganadera y con la intensificación agrícola, en los dos casos se ha dado a espaldas de su sociedad. Ahora la gente se entera que la carne es de feed lot, ahora la gente se entera de que el aceite Patito tiene transgénicos. Y esto no puede ser por intereses, negocios muy espurios que tenemos puertas adentro y sostenemos este status quo basado en la corruptela y de las transferencias internas, que muchas veces permite estos procesos. Por eso me encanta este tipo de debates, creo que hay muchas voces, me parece buena la elección, muy plural, me parece que está bueno insistir con esto, y yo sí creo en la coexistencia de modelos. Yo sí creo que Argentina tiene un rol global que jugar importante, cada vez con mayor valor agregado como objetivo nacional, pero que a su vez tiene un montón de diversidades que debe contener con políticas públicas muy activas, con transferencias de un sector a otro de la propia agricultura o con mecanismos que hay que discutir, retenciones puede ser uno, fondos puede ser otro, con mucha obra pública en el interior, y creo que esa coexistencia es a partir de un modelo que nos vuelva a identificar como productor de alimentos con valor agregado, para hacer feliz a su gente en sus territorios, y con un Estado que sea socio y no cómplice.