Revista Sinapsis – Interés General

Qué uso le damos a la tierra y cómo modificamos la naturaleza. Intelectuales y artistas conversan con los que manejan los recursos, promueven políticas y diseñan los alimentos que comemos.

Gustavo Idígoras + Cristian Mira

 

Gustavo Idigoras
Gustavo Idigoras

 

 

Gustavo Idígoras: Hay algunos conceptos valiosos a resaltar que tienen que ver con lo que es la agricultura para los argentinos. Este debate de modelos productivos o dos agriculturas, coexistencia o no coexistencia, es lo que estamos escuchando, algunos propician cero coexistencia y otros propician posible una coexistencia. Hay un problema mucho más atrás de todo eso que tiene que ver con qué significa la agricultura para los argentinos.

Llegué a una conclusión de que hay dos visiones mundiales de la agricultura, que no es ni la agricultura familiar ni la agricultura industrial, sino que es la agricultura como negocio y la agricultura como cultura. Nuestro país concibe a la agricultura como el mejor negocio que podamos desarrollar, donde naturalmente deberíamos ser exitosos, y por lo tanto los gobiernos nunca la promovieron como un desarrollo cultural propio de los habitantes de este territorio, sino como la posibilidad o de incrementar ese negocio para distribuir riqueza o para tener una actitud extractiva de los recursos económicos que genera y redistribuirlos. En base a esas dos visiones tenemos dos tipos de gobierno.

Los gobiernos populares son los gobiernos que más han fomentado la migración del campo a la ciudad y que más han fomentado el cuestionamiento del sector agropecuario. Porque todos nosotros cuando vamos por la ruta y vemos el campo pensamos que ahí hay mucha plata, que ahí tenemos la principal fuente de riqueza.

La otra visión, que no existe lamentablemente en nuestro país, es la agricultura como bien social. Nacimos y crecimos como país gracias a la agricultura, en términos genéricos, agricultura y ganadería y todo lo que implica posteriormente. Por lo tanto es parte de las raíces culturales y cualquier tipo de creación, innovación y mejora cultural que tengamos hay que arraigarla al concepto de la agricultura. Y este concepto de bien social no existe en nuestro país.

Sin embargo en algunos países (pongo el ejemplo francés) la agricultura es un bien social, es intocable, a ningún político ni ciudadano se le ocurriría cuestionar la agricultura porque ellos consideran que Francia existe y es como es hoy porque es un país agrícola. Y a partir de eso hay un marco cultural, un marco educativo, regulatorio y económico asociado a este concepto de bien social. Nosotros nos dedicamos a sacarle plata a la agricultura de distintas maneras. La agricultura familiar está inserta también en ese concepto, y no puede salir o lograr una alternativa porque no estamos cambiando nuestro marco de referencia cultural. Además ningún gobierno está en condiciones o tiene interés de hacerlo, porque cambiar un marco de referencia cultural sobre un tema de esta naturaleza puede llevar muchísimos años.

Como mínimo tenemos que empezar por nuestro sistema educativo, no puede ser que nuestro sistema educativo cuestione la agricultura. Los manuales de los primeros grados de la escuela primaria, enseñan cómo es un alimento saludable y no saludable pero nada enseñan de agricultura, y cuando enseñan de agricultura la vinculan en seguida con conceptos ambientales negativos. El verdadero debate debería ser un debate de la agricultura como un bien cultural de nuestro país, no podemos seguir discutiendo si más o menos orgánicos, más o menos agricultura familiar, más o menos agricultura industrial. Argentina es un país agrícola, y por lo tanto un país, una agricultura. Si no entendemos ese concepto nos va a costar muchísimo construir un verdadero desarrollo económico, social y ambiental que sea sostenible a largo plazo.

Podemos verlo en términos concretos. Cada vez que iba a Francia a discutir con los franceses, iba con una visión negativa, porque los franceses, desde el punto de vista comercial, son los peores enemigos de la agricultura argentina. Consideran que somos más competitivos, eficientes, entonces cada vez que la Argentina quiere producir y vender algo se busca impedírselo. Buscan impedir el producto con valor agregado, nos inventan una barrera arancelaria y no arancelaria, por ejemplo, la soja paga 0% de arancel, el aceite envasado paga 10%. El nivel de protección y de cuidado que tienen de su propia industria hace que no les podamos vender jamás. Hasta que empecé a entender el verdadero concepto de la agricultura, en donde la agricultura es este concepto de bien cultural que es inalterable, inalienable, que es parte del ser francés, y por lo tanto la protección de la agricultura para ellos no es proteger un bien económico, está mucho más allá, es proteger la identidad cultural y nacional de su país que se ve cuando uno visita el interior de Francia y habla con los agricultores. Para nosotros los agricultores franceses son todos parte de la agricultura familiar. El agricultor francés promedio tiene 7.5 hectáreas, todos por legislación deben vivir en el campo y por legislación no le pueden vender a ninguna empresa o particular que no tenga experiencia agrícola. Además deben heredar el campo y seguir con las actividades porque si no el Estado no paga los subsidios, que es el mecanismo regulatorio por el cual tienen este desarrollo territorial de un país de esta naturaleza. Nosotros no tenemos esos recursos, no los vamos a tener jamás, me parece que sería un uso ineficiente de nuestros recursos. Ahora bien el concepto desde el jardín de infantes en Francia es que la agricultura es parte de la identidad nacional, nosotros deberíamos trabajar sobre estos temas y creo que ahí nadie estaría en contra de este tipo de conceptos. Tenemos que construir esos conceptos comunes.

 

Cristian Mira
Cristian Mira

 

Cristian Mira: Te quería preguntar si vos creés que hay dos modelos como marcaba Emilio Pérsico, y el modelo de agricultura familiar, me parece que llamarlo modelo es encasillarlo de alguna forma, de qué manera podría crecer, si es con protección, con subsidios, o si como vos estás marcando tiene que empezar a ser un cambio cultural.

GI: A mí me parece que lo macro es el cambio cultural porque nos debemos ese cambio cultural en nuestro país todos, sobre todo todos los que vivimos en ciudades. Lo segundo es algo muy interesante, yo recuerdo que cuando Pérsico entró en el ministerio, tenían cierto temor de lo que él quería hacer. Y tiene una visión muy pragmática de lo que hay que hacer y cómo avanzar con la agricultura familiar. Ahora bien, estos dos modelos son modelos mentales inicialmente. A mí me costó mucho convencer a algunas asociaciones que representan esta pseudo agricultura industrial de sentarse en mesas que propicia la Secretaría de Agricultura Familiar, dicen nos van a tratar mal, nos van a insultar, no nos van a escuchar, para que me maltraten prefiero no ir. Y del otro lado es la otra visión, esta gente no es humana, es tan capitalista y burguesa que no tiene sentimientos. Cuando ambos sectores se empiezan a conocer se dan cuenta de que todos piensan de una manera bastante parecida, están en un lugar distinto pero piensan de una manera bastante parecida. Esos acercamientos son fundamentales y la Ley de Agricultura Familiar debería propiciarlos y promoverlos no solo en Buenos Aires sino en todo el país. Ahora bien, me parece que acá no tenemos que cuestionar a la agricultura industrial como la culpable de la existencia de condiciones de subsistencia de los pequeños agricultores o agricultores familiares. Es indefectible el rol del Estado de manera inteligente en dos términos. Por un lado marcos regulatorios razonables en donde se tenga en cuenta a la agricultura familiar, en términos sanitarios por ejemplo, que lo nombraba hoy, la creación en el Senasa de esta comisión y etc., me parece que debe promover un solo estándar sanitario, no podemos tener hoy 3 o 4 estándares sanitarios en nuestro país.

CM: ¿En qué consiste esto de los diferentes estándares sanitarios?

GI: Tenemos el estándar sanitario del producto de exportación, que está certificado por Senasa pero que es un producto premium desde el punto de vista sanitario, que hace una cantidad de inversión y todo para llegar al mercado europeo, americano, japonés. Luego tenemos un estándar nacional cuando quiero venderle a otras provincias y salir de mi provincia. Luego tengo un estándar provincial cuando quiero comercializar que ahí ya no interviene el Senasa. Y por último tengo un estándar local, que mi municipio puede tener autoridad para autorizarme determinados productos. Esto propicia prácticas desleales, trabajar en negro, darle al consumidor argentino y al consumidor local de ese municipio un producto que pueda tener mayor riesgo, entonces es razonable que empecemos a lograr que exista un solo estándar, y para que exista un solo estándar tiene que haber un solo organismo que sea el regulador. Las provincias tienen que delegarle al Senasa toda la autoridad para que haya un solo estándar sanitario a nivel nacional, de esa manera el productor local que está en un municipio en Chaco, va a tener la oportunidad de comercializar productos en las grandes urbes y tal vez en otros países. Me parece que ese es uno de los temas más importantes para trabajar, y el otro tema es el tecnológico, no tiene sentido cuestionar la tecnología como tal. Y además hay algunos conceptos que me parece que son nefastos para la agricultura familiar que es hablar de tecnologías sociales. Pareciera que hay algunas tecnologías no sociales e industriales y hay tecnologías sociales que tienen una reputación de ser poco efectivas para dar respuestas pero como son sociales te las desarrolla el Estado y se las entrega a los pequeños productores. Me parece que eso es contrario a la sostenibilidad económica de los pequeños productores. Tenemos que hablar de acceso tecnológico y de que el Estado empiece a entusiasmar a aquellos desarrolladores a desarrollar tecnología para todo tipo de productores y a adaptarla y adecuarla para eso. No puede ser que solamente el INTA tenga un instituto tratando de desarrollar tecnología en ese sentido, porque el día que haya un cambio político no tenemos más desarrollo tecnológico en el país. Volvemos a replicar un supuesto modelo en el cual esa gente sigue incrementando la posibilidad de moverse hacia las ciudades, entonces me parece que tenemos que tener una actitud inteligente. Por otro lado es el tema administrativo, nunca se habla de la enorme burocracia que es producir un alimento en el país, y ni siquiera la enorme burocracia que es vender ese alimento en el país. La agricultura familiar necesita simplificación administrativa, no puede hacer 36 trámites para tener registrado un alimento en 5 lugares distintos y con costos distintos. Un pequeño productor orgánico que trata de exportar arroz orgánico a un país pasa 40 meses para tratar de lograr una autorización. Lo puede hacer aquella empresa que tiene una escala determinada, entonces el Estado es el que promueve la agricultura industrial. Este Estado con este gobierno es el que promovió la sojización del país, con el marco regulatorio y con el marco cultural desarrollado detrás de eso, entonces tenemos que revisar estos conceptos también.

CM: Me quedé pensando en lo que mencionabas de que es una cuestión cultural, que no se considera a la producción agropecuaria como una cuestión cultural. Y estamos viviendo en un mundo que cada vez tiende más hacia lo urbano, todo se configura alrededor de la vida urbana, los valores son los valores urbanos, lo digital, la vida virtual. Y parece que esto excluye a la producción agropecuaria. Paradójicamente también se vive como una especie de auge de tenemos que consumir, alimentarnos sanamente, se está tomando cada vez más conciencia de los efectos de los alimentos sobre nuestra salud. ¿Vos creés que se puede hacer compatible, es posible hacer compatibles estas dos visiones, este crecimiento de la vida urbana con la necesidad de tomar más conciencia de considerar a la agricultura como una cuestión cultural?

GI: Estas tendencias a nivel internacional siempre existen de manera conflictiva y van a perdurar de manera conflictiva. Cuanto uno más visualiza países que yo denomino con híper desarrollo, hay países europeos que ya no saben en qué gastar los recursos que ganan, dedican menos del 10% de sus ingresos mensuales a alimentarse y pagar los bienes básicos. Entonces se empiezan a generar algunos movimientos, vuelven a los alimentos tradicionales, a recuperar las tradiciones que teníamos en nuestros pueblos, al turismo rural vinculado con la gastronomía rural, que son estos nichos del mercado que se transforman en productos gourmet, y que son muy demandados en los países con híper desarrollo que tienen una alta concentración urbana. En esos países el agro no cumple ningún rol en materia económica, cumple un rol social, cultural, educativo, alimenticio, de hecho Europa sabe indefectiblemente que los 7.5 millones de agricultores van a ir reduciéndose todos los años y que tiene una altísima dependencia externa sobre todo con los países del Mercosur, esta es la razón por la cual hace 15 años viene discutiendo un acuerdo de libre comercio con el Mercosur, para lograr que el Mercosur en vez de mirar a China mire a Europa y la abastezca de todos los alimentos que necesita Europa. Este tipo de conflictos de pensamiento yo creo que en nuestro país no deberían existir, nosotros tenemos que buscar una fuerte inserción internacional con alimentos con el mayor grado de tecnificación posible que tengamos o de valor agregado, porque la tecnificación no implica la industrialización. Podemos estar exportando semillas con altísimo valor agregado y venderlo mucho más caro que un aceite envasado, de hecho es así, la Argentina hoy exporta semillas de varios cultivos cuando el valor por tonelada triplica o cuatriplica el valor del biodiesel, y todos hablamos a favor del biodiesel. Pero hablamos de un valor de biodiesel y nos ponemos orgullosos porque producimos y exportamos biodiesel, porque todos nuestros autos a gasoil hoy usan biodiesel de soja en el país o usan etanol de caña de azúcar o de maíz, y vale 900 dólares la tonelada, cuando una tonelada de semillas de alfalfa está 7000 dólares, a eso tenemos que apuntar, a ese tipo de tecnificación y de agregado de valor. Lo mismo que la promoción de productos orgánicos, la Argentina tiene que tener un lugar en el mundo en ese tema, porque el debate indefectiblemente se viene en materia de requisitos ambientales. No podemos evitar mirar para otro lado por más que nosotros tengamos esa tendencia de ser siempre adoptantes tardíos de lo que hace el mundo. En el 2017 Europa va a crear la huella ambiental, y ya lo avisó en el 2012, ¿vamos a poder certificarla? ¿Vamos a poder lograr que todos nuestros alimentos y bebidas tengan la huella ambiental?

CM: Explicanos un poco en qué consiste la huella ambiental.

GI: Es un indicador ambiental que implica todo un ciclo de vida del producto desde los insumos que usamos hasta el consumo final y el desecho y reciclaje del producto, y la cantidad de CO2 equivalente que emite en todo el proceso. Las metodologías las hicieron en Europa, las certificadoras son europeas o americanas, no hay capacidad nacional instalada. Los empresarios dicen es una paraarancelaria, el Estado dicen es una barrera al comercio que vamos a cuestionar en el G-20. Ahora empezás a ver que todas las cadenas de supermercados del mundo lo están pidiendo y que Europa está avanzando en una reglamentación, y cuando lo hace Europa lo va a hacer Estados Unidos y lo va a hacer China, porque lo más importante que pasó hace poco fue un cambio histórico. Lo que firmó Obama con el Primer Ministro chino en Beijing en la Cumbre de Asia Pacífico sobre cambio climático es un cambio histórico, es la primera vez que China adopta un compromiso de reducción de gas efecto invernadero al 2030, eso implica que dentro de unos años cada barco de soja argentino va a tener que cumplir estándares ambientales cuando llegue a China, porque cuando China adopta esto todos los productos que comercializa tienen que empezar a tener un sistema de reducción de emisiones. Si el poroto de soja se transforma en harina y se le da para alimentar a los pescados como decía el ministro chino, indefectiblemente la agricultura va a tener una reducción de emisiones y por lo tanto su materia prima y ahí vamos a tener que ver cómo les respondemos a los chinos. Por lo tanto tenemos que tener una visión mucho más pragmática, mucho más concentrada a un desarrollo económico, social y ambiental de nuestro sector, y pensar en el concepto de una sola agricultura.

CM: Te quería preguntar cómo ves también el hecho de que a menudo escuchamos decir que la Argentina produce alimentos para 400 millones de personas, pero en el país todavía hay gente con hambre. ¿Vos creés que es una cuestión de producción, creés que ahí hay una diferencia, creés que tiene que haber responsabilidad social por parte de los productores, o es una cuestión de ingresos económicos y de problemas en la distribución del ingreso?

GI: En esta situación en la cual se ha incrementado el nivel de cuestionamiento de la agricultura pareciera que el productor que está en Chacabuco es responsable de que una familia en un valle en Jujuy no pueda comer. Porque Chacabuco está en el centro del corazón pampeano con un alto ingreso por lo que produce y por lo tanto él debería ser el responsable de darle de comer. Esto es nuevamente parte de este marco conceptual y cultural erróneo, me parece que ese señor de Chacabuco todos los días tiene que producir más, y hay que aplaudirlo que pueda producir más, respetando el ambiente, respetando las cuestiones sociales y por supuesto pagando sus impuestos y pagando la tecnología que usa. El Estado acá tiene un rol inevitable y responsabilidad primaria en esto, es el responsable no de desarrollar una política de asistencialismo social, hoy persiste en nuestro gobierno, en este gobierno y en el Estado, un concepto dual de la agricultura familiar y del pequeño productor que es de subsistencia, que es el asistencialismo social, voy y le entrego, le dono, 20 bolsas de semillas, me saco la foto y me voy y que haga lo que quiera, o trabajo en serio con él, para capacitarlo, entrenarlo, para que se asocie, para darle escala, para lograr que sea productivo por sí mismo. Lamentablemente el Estado está asignando muchísimos recursos sobre la primera opción y casi nada sobre la segunda.

CM: Se mencionan ejemplos, vos mencionaste el caso de Francia, de países que le dan un marco a su agricultura, que le dan importancia, inclusive también en Estados Unidos, en el medio oeste ellos consideran al farmer como un sujeto clave para el país, le dan importancia, no es alguien a quien denostan, critican, maltratan, y es un productor que en general vive en el pueblo, en las ciudades. ¿Vos ves países en desarrollo o similares a la Argentina que den niveles de desarrollo similares a los que tiene la Argentina que hoy estén más avanzados en darle mayor importancia a su agricultura? ¿Algún ejemplo que se pueda visualizar?

GI: Te voy a dar un ejemplo muy concreto que no tiene que ver con el desarrollo económico de la Argentina. Yo ahora estoy trabajando asesorando a algunos ministerios de agricultura de gobiernos centroamericanos, y el último país que estuve trabajando hasta hace 20 días atrás fue Nicaragua. Y cuando llegué a Nicaragua llegué con una visión negativa, porque uno cuando lee un poco sobre el gobierno actual genera ciertas preocupaciones. Y me encontré con un gobierno que se denomina socialista y que todos lo reconocemos como tal, donde tiene tres pilares, y todos lo repiten, desde el portero del ministerio hasta el ministro todos repiten lo mismo, esos tres pilares son: producción, consumo y comercio agropecuario. El país no tiene alternativa alguna si no tiene producción, consumo y comercio agropecuario. Producción agropecuaria a nivel territorial en base  a las capacidades y condiciones de competitividad que pueda tener Nicaragua, en este caso, están desarrollando la industria cárnica vacuna con miras a abastecer una parte del mercado norteamericano.El principal socio estratégico es ell gobierno norteamericano.

CM: De un gobierno socialista…

GI: Consumo para la población, pero lo más importante, ellos lo dicen, comercio. Si nosotros no logramos facilitar la exportación no hay consumo y no hay producción. Entonces el Ministro de Agricultura, el Ministro de Salud y el Ministro de Comercio de Nicaragua, su objetivo número uno es fomentar la exportación, y segundo lugar, generar una nueva cultura del trabajo en donde el asistencialismo social desaparezca, porque para ellos un gobierno socialista es un gobierno que fomenta la cultura del trabajo y que fomenta la producción para ser exportada. Este modelo es Nicaragua hoy, y creo que nadie les puede decir que es un modelo neoliberal.

El empresario argentino es igual que el Estado, el empresario argentino la única diferencia que tiene es que vive de estos negocios pero la verdad los cuestiona porque ninguno invierte para el futuro, no tenemos una visión real de desarrollo económico y social a través del agro ni siquiera de nuestros empresarios dedicados al agro. Entonces cuando uno los sienta a algunos referentes de empresas argentinas conocidas, con marcas muy conocidas, y les dice por qué no armamos una verdadera campaña nacional para lograr este reconocimiento de que la Argentina es agro, y dicen no porque es mucha plata poner 5 millones de dólares para hacer una campaña como hizo Brasil y como está haciendo todavía. Ahora 5 millones de dólares en comparación con 35 mil millones de dólares en exportación o con un producto bruto agropecuario de 250 mil millones de pesos me parece que es algo insignificante. Si planteamos que existe cierta pobreza en la dirigencia política, hay una gran pobreza también en la dirigencia empresaria, tenemos siempre una visión cortoplacista. Hay que construir estos liderazgos empresarios para que cualquier próximo gobierno, ya no importa de qué partido o de qué alianza venga, vea inevitable trabajar estos temas. Porque dudo que cualquier gobierno argentino vaya a tomar la decisión de modificar estos conceptos. Es mucho más fácil cuestionar al campo que trabajar con el campo. Pero me parece ahí que el rol de nuestra dirigencia empresaria también debe cambiar, debe adaptarse a esta nueva realidad. Yo siempre envidio cada vez que Europa o Estados Unidos nos cierra un mercado para un producto argentino, los limones, la carne, el bioetanol, el biodiesel, los productos de la pesca, las manzanas, las peras, etc., cada vez que pasa eso es porque un grupo de productores fue al congreso de ese país y les dijo si a ustedes se les ocurre autorizar los limones argentinos, nosotros no los votamos más. Y les voy a contar un caso real. Cuando la Argentina perdió el mercado de limones de EE.UU. que vendíamos 300 mil toneladas al año, fue por una decisión de un juez federal que jugaba al golf con el presidente de la Asociación Citrícola de California que lo convenció de poner una medida cautelar, puso una medida cautelar inventada por razones fitosanitarias que no existían. A nadie le importó eso, no hubo ciencia atrás ni justicia detrás de eso. A partir de eso los citrícolas californianos se movilizaron a Washington, les mandaron cartas a todos los diputados y senadores, les dijeron, si se le ocurre votar el presupuesto del Departamento de Agricultura del año que viene que quieren autorizar el ingreso de cítricos argentinos, nosotros no los votamos más. Cuando fueron a votar el presupuesto anual, la partida del Departamento de Agricultura de EE.UU. que necesita 4 mil millones de dólares por año, les dijeron elegí, o 4 mil millones de dólares por año o dejás ingresar los cítricos argentinos. Le iban a boicotear las asignaciones anuales del Departamento de Agricultura. El Departamento de Agricultura archivó el expediente de los cítricos argentinos y es el día de hoy que todavía no volvimos a vender un solo limón en EE.UU. Entonces yo envidio esa capacidad de lobby y de influencia política.

CM: Sí, a mí me parece que es una cuestión cultural de ver, de ver también por ejemplo a la producción agropecuaria como una producción del pasado, como poca desarrollada, como si hubiera una dicotomía con la producción industrial o con la producción de servicios, o sea que la agricultura, la ganadería, la fruticultura, es lo viejo y lo nuevo es la industria, y hoy en día creo que no se puede decir qué es lo nuevo y qué es lo viejo.

GI: Para mí es una sola agricultura, un sistema nacional de producción de alimentos desde el punto de vista económico, social y ambiental, que implica que estos tres pilares sean valores únicos en cualquier tipo de desarrollo de la producción, ya sea que se oriente la producción para la exportación, para el mercado interno, me parece que nuestro país tiene que fomentar el concepto de una sola agricultura en donde esa agricultura pueda tener distintos subsistemas, por ejemplo donde podamos tener un subsistema de diferenciación de calidad, denominación de origen, producción orgánica, producción industrial, producción de bioenergías, pero siempre con estos tres conceptos y pilares. Nosotros tenemos que promover una visión hacia el mundo y hacia nosotros mismos de que nuestra agricultura es beneficiosa ambientalmente, social y económicamente.

CM: Creo que podemos ir cerrando, me pareció muy interesante lo que planteó Gustavo Idígoras, sobre todo el concepto de entender la agricultura como una cultura, no pensarlo meramente como negocio, aunque obviamente cuando se habla de sustentabilidad se habla de sustentabilidad social, ambiental y económica. Que tiene que ver un poco, aunque con otras palabras y con otra visión, con lo que escuchamos en la charla anterior que dio Emilio Pérsico cuando hablaba de dos modelos y trataba de fomentar o por lo menos creía que podían ser compatibles esos dos modelos. Creo que Gustavo marca que no, que no hay dos modelos, sino que la agricultura es un todo.