Revista Sinapsis – Interés General

Qué uso le damos a la tierra y cómo modificamos la naturaleza. Intelectuales y artistas conversan con los que manejan los recursos, promueven políticas y diseñan los alimentos que comemos.

Félix Díaz + Pipo Lernoud

 

Félix Díaz
Félix Díaz

 

Félix Díaz: Han pasado muchísimos años en que el indígena tiene que adecuar el pensamiento del otro para poder tener la posibilidad de poder transmitir su forma de ser, de pensar “esto no se dice, esto sí”, de tener que ser apadrinado por alguien para poder tener la voz en un espacio que se pueda crear. Nos ha costado mucho salir de ese mundo oculto, hemos podido sacar nuestra forma de ser hacia fuera del territorio y darnos cuenta de lo importantes que somos.

Nuestros mayores han podido resistir diferentes métodos de eliminación física, han tenido que enfrentar las balas del ejército, de la gendarmería, de la política discriminatoria de los gobernantes que pasaron, que han envenenado ríos, que han perseguido a los indígenas en todo tipo de persecución. Existimos porque sabemos y entendemos perfectamente que gracias a la sabiduría de nuestros mayores y también gracias al cobijo que nos dio nuestra Madre Tierra, mediante la relación directa con los seres con que convivimos y con los que compartimos el territorio, seres que no pertenecen a la humanidad pero que tienen vida y que sufren igual que nosotros por los desmontes, por la contaminación del agua, por perder esa naturalidad del ser vivo. Naturalidad que nosotros también estamos perdiendo mediante la manipulación de nuestros territorios a través de resoluciones de los gobiernos. No miramos el territorio como un bien económico sino lo miramos el territorio como parte de nuestra vida. Y a muchos de los gobernantes los hemos escuchado decir que las tierras indígenas que se encuentran en manos de comunidades son tierras ociosas. Nuestros mayores nos enseñan que la ociosidad no es producto del indígena o del ser humano, lo que ellos tratan de hacer entender es que en el territorio hay muchas vidas y esas vidas también necesitan vivir como fueron creadas porque son los equilibrios de la Madre Tierra, en el suelo hay seres que habitan que hacen respirar nuestra Madre Tierra. Si desaparecen, se puede producir una sequía o una inundación, porque esos seres ya no tienen esa función de equilibrar las funciones de la naturaleza.

El cuidado que nosotros tenemos de no contaminar el ambiente produce esta figura que se creó de ser el indígena vago, de que el indígena no sabe nada, que el indígena es un inútil, que no aporta nada. Cuando escuchaba el discurso del gobernador Insfrán en un acto político de una campaña electoral decía: “¿Para qué dejar el monte en manos de los indígenas?”. Y con una ironía respondía: “Es para que ellos fabriquen maderitas, ¿y qué beneficio le trae al gobierno? Hay que desmontar, producir, para que el ingreso sea más grande para poder producir más cosas en nuestra provincia”. Al desmontar esos montes se contaminan las lagunas que pudimos conservar miles de años y ya no podríamos tomar esa agua, se desmonta y destruye la misma vida y eso nos provoca mucho dolor porque cuando denunciamos esta situación nos piden que tengamos una personería jurídica para que estas cosas puedan ser recepcionadas, y empezamos a buscar la vuelta de cómo salir de esta situación. Y después miramos que alrededor nuestro hay miles y miles de campesinos que no tienen casa, la pobreza es enorme, pero cuando se habla del desarrollo económico de una provincia se explotan las tierras a toda costa, expulsando familias que vivieron históricamente en los lugares donde hoy están ocupando las empresas sojeras, las empresas ganaderas. El ser humano pasó a ser material descartable, no se le da el valor que debería tener el ser humano como un centro de una política en defensa de los derechos del ser humano. Toda esta situación que atravesamos nos genera muchas preocupaciones porque amamos nuestra cultura y nos preocupa el futuro de esta generación que se está viniendo.

Argentina tiene que mirar más al ser humano, no a través de los colores de los partidos políticos, de las religiones, tenemos que mirar qué es lo que está pasando, porque estamos en una etapa muy difícil en todos los aspectos. Argentina es un país muy rico, tiene muchísima gente capaz de resolver cualquier problema, nosotros, los pueblos indígenas, también sabemos muchísimas cosas pero no nos consultan nunca, no nos dan participación nunca en la decisión política, se nos imponen políticas que no están acordes con la costumbre indígena, como el caso de una asociación civil. En la mayoría de las comunidades indígenas los líderes son analfabetos, los ancianos no saben hablar el castellano ni escriben, y tienen que nombrar un presidente, un secretario, un tesorero, un revisor de cuentas, un vocal, figuras ajenas al mundo indígena. Toda esa costumbre que se ha manipulado al mundo indígena creyendo que esa es la manera correcta de integrar a los pueblos indígenas y están equivocados. Nunca se pensó de que el indígena tiene capacidad de pensar, tiene habilidad de poder aportar lo suyo como pueblo, por eso al tener una organización que se llama Comunidad Qom, que se inició en el año 2011, fue histórico para nosotros, fue logro gracias a la capacidad de nuestros mayores, la sabiduría de las mujeres, los jóvenes, que han podido mostrar su capacidad de poder discutir una política humana. Cuando decimos que no queremos una asociación civil porque no está acorde con nuestra forma de vida nuestros gobernantes se enojan porque dicen que nosotros no respetamos las leyes, ¿y quién respeta nuestros derechos? ¿Quién hace o lucha por los derechos indígenas? Los derechos indígenas no se crearon para negociar, todos los derechos del ser humano se crearon para garantizar la vida de todos nosotros, no son comerciales, pero lastimosamente nadie quiere escuchar.

Los intereses de los pueblos indígenas están en peligro, que son los territorios, porque en los territorios está la espiritualidad, la medicina, el alimento, y también los recursos naturales que son equilibrio de la vida misma. Este gobierno ha hecho muchas cosas a favor de la gente, pero también criticamos que no ha hecho nada con los pueblos indígenas, eso no quiere decir que la política es mala, lo que queremos es que se respete nuestra forma de ser y que se apliquen los derechos que corresponden. Estamos preocupados porque el avance tecnológico nos desplaza. En la época de la colonización éramos una mano de obra importante a nivel productivo, porque éramos los únicos y la mayoría que habitábamos en los territorios. Venían extranjeros de Holanda, de Francia, de Gran Bretaña, se instalaban en la zona norte, y venían a explotar el territorio, en la época de la zafra algodonera, la cosecha de maíz, el cuidado de los ganados, el aserradero, éramos un instrumento fundamental para el desarrollo del país. ¿Pero quién nos da cuenta de eso? Nadie. Han formado ciudadanos intelectuales a cambio de nuestro sacrificio, nuestro esfuerzo, pero nosotros seguimos muriendo, dando nuestro cuerpo a ese desarrollo económico que le beneficia a una persona, no al país. Y seguimos siendo observadores de esa riqueza que se está llevando de nuestro país.

Es importante que el gobierno nacional y los gobiernos provinciales hagan el gesto político de ser humildes y escuchar a los pueblos y no condicionarlos, porque yo no puedo obligar a ustedes a que hagan lo que yo quiero, y no puedo decirles a ustedes que se conviertan en indígenas y que ustedes me pidan que me convierta en un blanco, no somos nadie para poder condicionar la vida del otro, lo único que podemos hacer es tolerar esa diferencia, comprendernos y ayudarnos a salir adelante a este mundo que hoy está en una situación crítica. Podemos pelearla para que puedan heredar nuestras generaciones futuras un mundo mejor.

Que los alimentos sean naturales, que los recursos naturales sean como están, que sean con su forma de naturalidad. No podemos desplazar al ser humano con la cuestión tecnológica, tiene que haber un equilibrio a favor de la humanidad. No está mal que la tecnología aporte para el desarrollo económico, pero que no nos desplace a nosotros. Somos los más afectados en esta política científica y tecnológica, porque no estamos preparados para discutir con los técnicos en una política que es ajena al mundo indígena, pero sí podemos discutir la forma de mantener las cosas naturales, porque no podemos convertirnos en una discusión sin ser partícipes en esa discusión política que se debería dar. Lo que queremos es dignificar la cultura de los pueblos indígenas que han vivido miles de años, Argentina está cumpliendo más de 200 años y nosotros ya estuvimos acá. Cuando no existía esta cuestión tecnológica nuestros padres ya sabían cómo mantenerse equilibrados con la naturaleza. Este es el tiempo en que uno puede escuchar y analizar. Nosotros estamos sufriendo en esta altura del tiempo cuando el país está incorporando tecnología de último modelo y nosotros seguimos mendigando agua, seguimos mendigando salud, seguimos mendigando comida. ¿Saben por qué? Porque no tenemos los territorios que nos sostenían. Si vamos a un campo privado nos matan, si vamos al área protegida nos sancionan con multas, y estamos como encerrados en un espacio reducido, y ahí nos condenan. Y esa condena la sufrimos día a día. Y no puede seguir esto, es importante que ustedes sepan que el pensamiento indígena no está en contra del desarrollo económico del país, de lo que estamos en contra es del mal uso de los recursos que hoy se están sacando de nuestros territorios, tenemos que estar pagando a los municipios para que nos llenen los tanquecitos de agua porque nos robaron la Laguna Blanca, nos robaron los espejos de agua que teníamos, y nos condenan así.

Mañana no estaremos aquí, ¿y quién se quedará? Nuestros hijos, nuestros nietos, los inmigrantes que llegaron acá a la Argentina hicieron muchísimas cosas para heredar a su familia, cosas buenas. Si nosotros no hacemos nada en estos tiempos de discusión política, es que queremos dejar heredadas enfermedades que no se pueden curar a nuestra generación a través de los herbicidas, a través de los agrotóxicos, a través de las contaminaciones de nuestras aguas. Tenemos que pensar de que la herencia que tenemos que dejar a nuestras generaciones, un mundo sano. Que las enfermedades se puedan curar y se pueda reducir la mortandad. Entonces esas vidas que están en juego que son los futuros no tendrían un futuro mejor, les vamos a dejar ese mundo lleno de muerte, y nosotros no somos una familia que manejamos la cuestión matemática o comercial, porque somos seres generosos, que saben convivir, a pesar de lo difícil que es vivir en el monte. El indígena nunca pensó ser dueño del monte, dueño de la laguna, dueño de todos los seres que habitan ahí, ese respeto que se pudo mantener miles de años lo seguimos manteniendo. Peso resulta que hay muchas leyes que se crean para poder beneficiar la cuestión económica. Y es difícil porque la prioridad del ser humano es ganar dinero. El egoísmo personal es superior a todo. Y es una de las grandes preocupaciones. Han muerto miles y miles de indígenas de diferentes maneras. Un indígena que hoy viene a la Capital Federal buscando trabajo, se encuentra con el problema de no tener trabajo por no tener título. Cuando no tienen trabajo viven en las villas miseria, cuando se enferman, van a su territorio. Y muchos de estos indígenas que retornan a sus casas tenemos que enterrar y llorar por los familiares nuestros. El año pasado perdimos un chico en la Qom en Capital Federal por desnutrición y tuberculosis. Este chico cuando tuvo 5 años sus padres lo trajeron porque se dice que acá se vive mejor. Y esas son las tristezas que a veces nos provoca cuando queremos que nuestros jóvenes sean incorporados, que estudien, que trabajen. No tenemos la salida fácil.

Hay una historia de saqueo y de muerte, los gobernantes tienen que reparar ese daño social. Cómo reparar esos daños, permitiendo que los indígenas trabajen con los recursos que deberían tener. Ojalá que esta crítica que estoy haciendo no le afecte a nadie, porque siempre nos pasa eso. Cuando una persona se acerca a nosotros siempre perjudicamos al otro laburante que quiere que estas cosas se hagan como se deben hacer. Ojalá que se respete nuestra forma de trabajar, nuestra forma de pensar, y construir algo diferente. En el año 2008 la empresa sojera estaba instalada en el territorio de la comunidad y yo era el denunciante. Hice la denuncia en la Secretaría de Medio Ambiente de la Nación, donde estaba la señora Picolotti en ese tiempo. A través de la Dirección de Pueblos Originarios hemos podido comprobar que el mosquitero que se usa para fumigar rociaba los techos de las familias indígenas. Y este agrotóxico quedaba en el techo de la familia indígena. Cuando llueve los indígenas juntan agua con los baldes y esas aguas que juntan las toman. Entonces en un año y medio murieron 65 personas, algunos tenían problemas de tuberculosis, de neumonía, de desnutrición. Y la mayoría de los informes médicos decían muerte natural. Se ha comprobado que las aguas que estamos consumiendo estaban contaminadas por el glifosato, y nadie se animó a aceptar nuestra denuncia. Porque la empresa sojera es la que está dominando, es la que más financia a los organismos públicos. Le interesa más el dinero que la vida. Y nunca se investigó. Creo que las autoridades que tienen la responsabilidad de resolver estos problemas tienen que parar y defender la vida, no el cargo. Porque los cargos son pasajeros. En aquel entonces estaba el programa social agropecuario, y esta organización nos destinó 90 mil pesos, que fueron como un subsidio, para poder levantar cuatro molinos para que las comunidades indígenas puedan tener agua. ¿Y quién administró ese dinero? El INTA, puso a sus técnicos, se trabajó tres meses, los técnicos que fueron designados para poder hacer el trabajo de campo malversaron el fondo, los molinos nunca aparecieron, la plata se terminó, ¿y quién tuvo la culpa? El indígena que firmó el subsidio. Estas son las cosas de las que nosotros muchas veces nos quejamos, que son solucionables, que se pueden cambiar, si hay una escucha de una autoridad que quiere que las cosas se hagan como corresponde. Pero lastimosamente no se da esa posibilidad.

No hay un acompañamiento real. Somos figuras como aquellas figuras que están ahí, que los ven lindos o a veces los ven mal. Salimos en los medios cuando los medios enfocan la pobreza y no el ser humano. No queremos ser como un elemento de destrucción del otro. Queremos ser como el nexo entre lo diferente para que esas cosas se puedan mejorar.

 

Pipo Lernoud
Pipo Lernoud

 

Pipo Lernoud: Estamos en esta reunión es para ver modelos productivos o modelos de desarrollo, modelos de producción en la Argentina. Lo que vimos esta mañana fue que la Argentina es muy diversa pero como decimos siempre Dios atiende en Buenos Aires, incluso Félix lo ha dicho en algún reportaje, para que lo escuchen tiene que venir a Buenos Aires, los que venden productos para venderlos tienen que venir a Buenos Aires. Estamos en un país muy raquítico con una gran cabeza, la famosa cabeza súper desarrollada de un país débil y flaco que tiene muchos problemas de circulación y de sistema nervioso. Yo quería un poco siguiendo la idea principal de esta reunión, ver qué podemos hacer o qué pueden hacer los Qom y Félix y otros pueblos indígenas que están totalmente marginados a los que se les han sacado las tierras, se les han contaminado los ríos y las napas de agua y la tierra, que ya no pueden ser cazadores y recolectores porque no pueden cazar porque es privado o porque es Parque Nacional y no pueden recolectar porque ha sido barrido y convertido en un desierto verde de soja un territorio que era riquísimo y muy diverso.

FD: Pensamos siempre que primero el acompañamiento técnico es fundamental, y tiene que haber un equilibrio de esta relación porque a esta altura del tiempo uno se da cuenta que no se puede volver a lo que era antes, hay muchas cosas que van cambiando en el camino. Por eso nosotros hemos elevado un proyecto en varios organismos nacionales, un proyecto integral para el desarrollo local, que hemos presentado en el 2011 a través de Mirta Pulido con Paula Rodino cuando hicieron un operativo en nuestra comunidad. Y nunca nos explicaron por qué no fue aprobado. Hemos presentado pedidos a diferentes ministerios, Ministerio de Trabajo, al INADI (que es el ente que debería estar más cerca con los pueblos indígenas), nunca nos explican por qué han rechazado los proyectos que hemos hecho. Y tuvimos que acudir a la sociedad para conseguir los recursos, y la sociedad es tan sensible que aporta lo mínimo. A nosotros nos donaron un tractor viejo que apenas anda, y lo llevaron sin cubiertas, y tuvimos que estar mendigando a la sociedad nuevamente para que nos donaran cubiertas y cámaras para ese tractor. Y conseguimos ese tractor para poder hacer un cultivo un poco más ambicioso, para producir las cosas que sabemos hacer, sembrar banana, maíz, mandioca, batata, para el autoconsumo. Conseguimos las cubiertas, el tractorcito, y nos falta arado, no tenemos arado. Cuando se pincha no se puede emparchar, tenés que llevarlo al pueblo de Laguna Blanca, y te cobran 500 pesos el emparche de una goma, para contratar un particular para arar las chacras te piden dos mil pesos. Saben que el indígena no puede y no tiene para solventar esos gastos. Y nos tienen las manos atadas. Eso es lo triste cuando se habla de los 40 millones de argentinos que estamos en una situación mucho mejor que antes, pero lo que queremos es saber por qué nos niegan ese derecho de trabajar, de cultivar lo que sabemos. Entonces yo creo que los ministerios que están en el gobierno nacional que ya fueron al territorio encabezados por el Doctor Martín Fresneda en el año 2013 para supuestamente para resolver estos problemas sociales, y nunca nos dieron respuesta. Eso es lo que nos duele. No tuvimos ni siquiera un acercamiento de una propuesta mínima de cualquier programa. Es muy difícil decir esto delante de las autoridades, pero no tengo temor de decirlo porque son realidades, tenemos documentos firmados por mesa de entrada de los diferentes ministerios, pero por qué nunca nos responden, eso es lo que a veces nos preguntamos.

Estamos trabajando en un proyecto de para reforestar las plantas autóctonas, y estamos haciéndolo a pulmón, nadie nos acompaña. Tenemos el acompañamiento de un grupo de agrónomos de la Facultad acá de Buenos Aires  que van y vienen. Pero lo que necesitamos son recursos para poder desarrollar y explotar esas capacidades que tiene la comunidad, porque somos una comunidad bastante grande, estamos ocupando unas 3.300 hectáreas, de las cuales dentro de esas hectáreas hay unas 1.300 hectáreas que es para cultivos de diversos tipos, que se pueden producir tranquilamente, tenemos cítricos, mangos, hermosas frutas que no podemos ni siquiera vender por las trabas y las restricciones que nos hacen las cuestiones burocráticas, que tiene que tener una marca, que tiene que tener el aval del Senasa, montones de requisitos que dificultan esta comercialización, con las artesanías pasa lo mismo. Y nos tienen ahí como prisioneros. Yo creo que tiene que haber una manera de salir de esta situación, no creo que sea tan difícil, si hay voluntad política, yo siempre digo voluntad política porque es una forma de hacer algo, de colaborar y de facilitar los recursos que uno necesita.

PL: Quería preguntarle qué piensa sobre los transgénicos y si ven alguna relación con el modelo productivo actualmente y el movimiento indígena de la relación con el alimento y la tierra.

FD: Yo creo que los transgénicos es uno de los factores que determina muchas cosas que tienen que ver con la naturalidad de las cosas. Porque la manipulación del ser humano es algo que tiene que ver con la cuestión económica no en la vida misma, he recorrido muchos lugares donde técnicos que trabajan sobre el tema de los productos naturales, pero el problema, es que hay muchas cosas que uno tiene que enfrentar para poder salir, lo que decía la compañera es lo que tenía que ser. Pero cómo hacés cuando te dejaron como desnudo, primero si no tenés recursos, nosotros teníamos mínimamente recursos, en el tiempo cuando nuestros mayores trabajaron, teníamos vacas, teníamos arados de mancera, y de repente el gobierno de la Nación en la época de la dictadura militar nos bajó maquinarias enormes, tractores, equipos completos. Entonces los criollos de la zona robaban los animales de los indígenas. Los bueyes había rastros de dónde terminaban, en las carnicerías de la zona, y estaba metida la policía. Entonces cuando desaparecieron los bueyes, los caballos, Gildo Insfrán nos quitó los tractores en la democracia, en el año ‘87, ‘88. La comunidad no tenía más herramientas propias para poder seguir cultivando. Y después vinieron los programas sociales donde te limitan. Si vos sos algodonero tiene que tener el control del picudo, entonces cómo discutís con los técnicos cuando te imponen las reglas de la agricultura. Montones de cosas que jugaban en contra de nosotros, y somos los primeros perjudicados porque no entendíamos qué es lo que estaba pasando. Cuando teníamos algodón los campesinos recibían subsidios, nosotros no tuvimos porque hay un instituto de comunidad aborigen que tiene que resolver y subsidiar a las chacras de los indígenas y ese instituto no tiene recursos económicos que administrar, depende del ministerio de la comunidad. Entonces se fue matando la agricultura de los pueblos indígenas por desconocimiento de muchas cosas. Ahora que estamos más informados de toda la cuestión de esta producción del campo queremos retomar nuevamente esa forma de trabajar, de estar en comunidad y hacer lo que nosotros sabemos, pero volvemos otra vez, para tener un tractor se necesita tener combustible. ¿Si no tenés combustible el tractor de qué te sirve? ¿Si tenés un arado con quién podés arar? ¿Si tenés vacas o un buey cómo los cuidás? Hay que tener atado toda la noche los animales porque si te descuidás se los llevan. Es un tema muy pero muy difícil de poder resistir. Yo tenía animales, se enfermó mi mujer y la tuve que llevar al hospital a siete kilómetros, al día siguiente volví y no estaban. Sabía quién los robó, denuncié, la policía que hizo el rastrillaje estaba metida en esa investigación. Nos matan con diferentes tipos de estrategias. Pero ahora creo que estamos retomando la fuerza de decidir lo nuestro, de parar enfrente de esta injusticia porque es la única manera de decir aquí estamos y no queremos que nos digan lo que tenemos que hacer. Vamos a hacer lo que sabemos, pero para hacer algo necesitás mínimos recursos para poder avanzar, no podés empezar en la nada, porque todo tiene un costo, la semilla, la preparación del suelo. Mínimo el Estado tiene la obligación de garantizar el respeto a la identidad cultural de los pueblos indígenas. ¿Por qué enfocamos al Estado? Porque el Estado se conformó para poder garantizar nuestra vida, nuestra existencia. Esa es la mirada que nosotros tenemos como indígenas, que el Estado es el responsable de garantizar la aplicación de los derechos que hoy tenemos.

PL: Y que están en la Constitución.

Público: Nosotros nos enteramos seguramente de ustedes los Qom cuando vinieron a hacer los primeros cortes allí frente al Ministerio de Salud hace 2 años, y lo bien que hicieron en venir a Buenos Aires porque si no nadie se entera de nada. Usted dijo que tenían 3.300 hectáreas, le quería consultar cómo es el esquema de la propiedad que tienen y si esas hectáreas se han visto disminuidas desde el origen de cuando ustedes tenían una determinada propiedad y cuál es el número actual de indígenas.

FD: La verdad que no manejo ese número, lo que sí podría decir es que en Formosa somos como algo de 80, 90 mil indígenas de los cuatro pueblos, los Wichí, los Pilagá, los Nivaclé y los Qom. Después en Chaco no sé porque no hay un censo correcto de las poblaciones indígenas.

Al principio de la conformación de la comunidad en el año ‘36 el líder de esa comunidad consiguió 10 mil hectáreas a través de un decreto nacional en el año ’40. Y ese decreto se fue modificando y llegó a tener en la continuidad de los decretos del año ’52, ’63, una superficie de 5 mil hectáreas. De esas 5 mil hectáreas hay una superposición de títulos entre Parque Nacional y la Comunidad Qom. ¿Y quién hizo esto? El gobierno provincial y nacional. Ceder tierra indígena a un área protegida sin consulta. Pero en el título aparece que tenemos cinco mil hectáreas. Nosotros empezamos a enfrentar el Parque por la persecución que nos hacen, porque ahí se convirtió en un área de conservación a través de una ley nacional, entonces cuando se encuentra un indígena, un pescador, el guardaparque apunta con arma del ejército, desnuda a los jóvenes, prende fuego la ropas del indígena y encima le sanciona con una multa de 200 pesos. Eso fue en el año 2006. Entonces ahí nos dimos cuenta que esa área que fue creada en el año ’79, cuando se creó era un área de conservación de las especies en vías de extinción, que son muchos, y dentro de esas especies en vías de extinción está la comunidad Qom. Entonces somos parte de esa protección, de conservación, que el mismo Estado argentino creó para poder dominar los territorios indígenas. Y cuando en el año ’85 vuelve la democracia este mismo gobierno de la provincia, del doctor Insfrán, crea la figura de la asociación civil. La asociación civil tiene que ser actualizada cada año, mediante elecciones y renovación de autoridades. Le entregan al cacique Sanabria un documento, el estatuto de esta asociación, y las condiciones para poder mantenerla activa. Entonces nos decían que si queríamos hacer una denuncia teníamos que tener la personería jurídica, y cuando quisimos usar nos dijeron no, está caducada, acéfala. La ley 23.302, el derecho indígena, dice en caso de extinción de una comunidad o acefalía de la personería jurídica los bienes de esa comunidad pasan a manos del Estado. ¿Y cuáles son los bienes que tiene la personería jurídica? La tierra. A los 20 años esas tierras pasaron a ser tierras fiscales. Estando los indígenas en el territorio, entonces el gobierno de la provincia dispone esas tierras y les entrega a las familias que no son indígenas, y justifica que el indígena es el violador constante de los derechos civiles, cuando nosotros ni siquiera mínimamente manejamos lo que es la cuestión jurídica. Es ahí en donde nos joden a nosotros. Entonces a medida que voy preparándome, tuve que investigar todas estas barbaridades que nos hacían, me encontré con ese grave problema de que en Argentina no hay una ley que garantiza la propiedad comunitaria. Y eso es grave. No hay una ley que garantice que las tierras de las comunidades indígenas son tierras comunitarias.

PL: ¿Y en el Código Civil nuevo hay un cambio con respecto a eso?

FD: No se avanzó con eso porque tenemos que discutir cuál es nuestra propuesta, no el Estado. Nosotros tenemos que proponer qué es lo que queremos con el tema del Código Civil, y no nos dieron la oportunidad, querían hacerlo a las apuradas, que hay que votar y listo, y nosotros no queremos hacer esas cosas a las apuradas.

Solamente me queda agradecer a cada uno de ustedes por darnos esta posibilidad de poder decir lo que sentimos. Lo único que pedimos a las autoridades nacionales actuales y las que vendrán es que no nos aten con la injusticia, que nos dejen libres y que nos den la libertad que queremos de ser lo que somos, porque eso es lo que nos merecemos como pueblos, como ser humano, porque sabemos que somos iguales ante todo. Que se aplique los derechos universales de los derechos humanos. Muchas gracias.