Revista Sinapsis – Interés General

Qué uso le damos a la tierra y cómo modificamos la naturaleza. Intelectuales y artistas conversan con los que manejan los recursos, promueven políticas y diseñan los alimentos que comemos.

Emilio Pérsico + Hinde Pomeraniec

Emilio Hinde

 

Emilio Pérsico: En el modelo que hoy se desarrolla en el mundo, en este nuevo capitalismo, la marginación y el trabajo sin derecho parece que son imposibles de corregir. A nosotros nos parece que hay que construir otro modelo económico, que en realidad los compañeros lo construyen todos los días porque la mayoría de los argentinos se han autoconstruido su propio trabajo, y eso ha generado un proceso económico que nosotros llamamos economía popular (pero se lo puede llamar de distintas maneras). A partir de esto, aparece el sector de Agricultura Familiar como un sector que tiene mucha potencialidad en la posibilidad de generar trabajo desde esa economía popular.

Una de las primeras cosas que empezamos a hacer (yo todavía no era funcionario del gobierno ni del sector) a partir de un conflicto en 2011 y la muerte del compañero Cristian Ferreyra en Santiago del Estero, fue una reunión con Bergoglio en la que surgió la idea de que la Iglesia nos ayudara a construir un diálogo entre las organizaciones campesinas y las organizaciones de lo que nosotros llamamos el agronegocio. Se hizo una mesa de diálogo que ya lleva dos años; después, cuando yo llego al Estado, se institucionalizó. Hoy es una política del Estado, en donde participan las organizaciones campesinas, las organizaciones empresarias y la Iglesia. Se han hecho distintas misiones de observación en los lugares más conflictivos, en el norte o en la triple frontera entre Chaco, Salta y Santiago del Estero; y se viene discutiendo también en ese marco y esto nos ha cambiado mucho la visión de unos sobre los otros y nos ha cambiado mucho las políticas de Estado a partir de ese diálogo.

La primera cuestión es discutir la definición de la Agricultura Familiar. Porque de ahí viene definir cuál es el sujeto, cuántos son, quiénes son, dónde están y qué hacen. En la Argentina hubo distintas definiciones, primero se definió como el pequeño productor, como el minifundista, -en realidad es una definición que apareció como contrapartida del latifundio-. Aparece una definición en Brasil de Agricultura Familiar, a partir de la reforma agraria que todavía continúa, que luego se universaliza y en la Argentina, a mediados del gobierno de Néstor Kirchner aparece en discusión. A partir de la cual firmamos un documento pidiendo la creación de la Subsecretaría de Agricultura Familiar. Es una definición que todavía en los papeles del Estado sigue estando en los mismos términos, se copia de la definición de agricultura familiar brasilera, que no es la que existe en la mayoría de los países del mundo, pero que define al sujeto como en aquel momento lo definía la Federación Agraria: todo productor, que trabaja su chacra con menos de dos empleados, que vive en su campo y que produce en su campo. Pero es una definición que involucra a una muy amplia mayoría, si fuera esa la definición podemos decir que abarca el 80% de los productores argentinos, en cuanto a número, no en cuanto a tierra o producto bruto pero sí en cuanto a número.

Se crea la Subsecretaría y se produce el conflicto del campo, por lo que no se ocupa el cargo y se genera una nueva discusión en donde empiezan a aparecer dos modelos en el campo. En ese marco se ajusta la definición de agricultura familiar. Desde la práctica vemos que ese sector no está dentro de la economía de mercado; es decir que construye otro modelo económico. Es la agricultura menos integrada dentro de ese proceso de integración de mercado que ha habido en el mundo y que se ha desarrollado muy fuertemente en la Argentina. A lo bestia, como hacemos todo los argentinos.

Ese es el sujeto sobre el que trabaja hoy la Secretaría, que es el campesino, el indígena, el banquinero, el productor. Un ejemplo que siempre damos es el de un compañero que produce 3000 litros de leche y que está integrado en la cadena de La Serenísima o de Sancor. Tiene un nivel tecnológico, un nivel de relación económica con el mercado muy diferente a la de un compañero que también produce 3000 litros de leche pero de otra manera. Con mucha menos capacidad tecnológica, que hace queso y lo vende en la ruta o lo vende en su pueblo. Quizás el primero tiene menos tierra, más tecnología y más integración con el mercado y el segundo es probable que para producir la misma cantidad de leche con menos tecnología necesite más tierra y más animales. No es entonces la cantidad de tierra lo que define al sujeto sino que el sujeto se define a sí mismo en qué modelo económico se desarrolla. Esa definición es coincidente con la idea que nosotros planteamos como economía popular. Es otro proceso, otra economía, que se desarrolla en otro lugar. ¿Cuál es la característica de una y otra? Una pone el eje en la productividad, en una tecnología basada en la productividad. No creo que la discusión sean las tecnologías, creo que eso es un error, no es el tema de estar a favor o en contra de las tecnologías, es como estar en contra de la ciencia. El problema es para qué uno la utiliza. Si uno la utiliza para maximizar ganancias o uno la utiliza con el eje en el hombre. Desde donde mira uno, si uno mira las cosas desde la óptica del mercado, desde el producto bruto, desde la cantidad de producción, desde esos lugares o si uno las mira desde la óptica del hombre, de las personas. Siempre digo que desde nuestro Ministerio, todas las cosas tienen presupuesto: la vaquita, el cereal, la cabrita, pero las personas no. Pero en realidad, si uno lo mira desde las personas, se empiezan a ver los dos modelos diferentes: uno maximiza las ganancias del mercado y el otro lo que quiere es construir dignidad y construir trabajo.

Lo cierto es que hay dos modelos económicos en el campo, uno que pone el eje en una cosa y el otro lo pone en otro lugar. En la Argentina tenemos más o menos 350.000 personas en producción agropecuaria, dice el censo, de las cuales 200.000 son de la agricultura familiar. Nosotros creemos que muchos más. Nos llamamos un país agropecuario, por las cosas, otra vez, no por su gente. Somos el país más urbano de Latinoamérica. Tenemos apenas el 8% o 10% de población rural cuando el promedio de América es del 25 % y de algunos países limítrofes es del 40% y hasta el 70%. Esto se debe a, como decía hacemos todo a lo bestia, la puja histórica que hubo en la Argentina, una puja histórica por la renta de ese campo irresuelta. Hubo tres invasiones: la invasión colonial, que despojó a la gente que había para apropiarse del recurso. Una segunda invasión, la oligárquica, que fue también el desplazamiento de los pueblos originarios pero ya también del gaucho, que era el trabajador que vivía ahí, poniéndolo como el demonio del campo. Y una tercera invasión que es la invasión del mercado. Teniendo en cuenta todo lo malo que fueron las primeras, la invasión neoliberal fue peor. Porque dejó a nuestro campo así: con el 8% de población.

El campesino, el agricultor familiar, hasta los sectores oligárquicos conservadores, tuvieron la política de poblar la Argentina, porque veían la soberanía. Sarmiento con los oasis de Cuyo, Avellaneda, con la idea de frenar a los indios, probaron con la zanja, probaron con matarlos y dijeron no, traigamos inmigrantes y poblaron los valles de la Patagonia. La política de arrendamiento de la tierra en pequeñas parcelas y la inmigración para poblarlas que hubo en Santa Fe. Existía una concepción de soberanía de la oligarquía liberal, esa consigna histórica de que gobernar es poblar. Esta es una política de un sector, pero en el caso de la invasión de mercado es una política de corrimiento de los compañeros a las ciudades de una manera acelerada.

El vino, por ejemplo, hizo un proceso de reconversión extraordinaria que le permitió ir hacia el mercado exterior y vender un vino en cantidad y calidad, ser el quinto productor del mundo, ganar premios internacionales. No se hizo como debería haber hecho un país inteligente, reconvirtiendo al sujeto del lugar, sino que el sobrante de la burguesía desde artistas, deportistas, políticos y empresarios empezaron a tener una chacrita en Mendoza y una bodeguita. Y eso, tiende a desplazar al compañero que históricamente producía ahí. O la alfalfa en los valles inferior y medio, los pequeños productores que hacían manzana o pera, hoy alquilan su tierra para que se produzca alfalfa, que luego se vende a los países árabes a España y el compañero se va a vivir a las ciudades. Este proceso de invasión que se produjo centralmente en los ’90s es muy difícil de frenar. Hoy lo está viviendo Paraguay que tiene el 40% de población campesina. Y hoy en día, el crecimiento demográfico más grande en los partidos del conurbano, acá en la Argentina, ha sido de la inmigración paraguaya. Lo mismo sucede si se toman las pequeñas y grandes ciudades de toda la línea del Paraná. Hasta en las pequeñas ciudades de la línea del Paraná uno va a ver que se están asentando los compañeros cerca de las ciudades. Un proceso que nosotros ya vivimos, pero que sigue. Es ahí donde aparece el conflicto entre los dos modelos.

¿Por qué es necesaria la convivencia de los dos modelos? Porque hoy por hoy ese modelo está y no se va a ir. ¿Dónde puede competir la agricultura familiar? ¿Qué nicho le queda? El mundo ha avanzado en dos nichos importantes. Que si no avanzamos nosotros, las dos cosas las va a hacer el mercado. Uno es en el abastecimiento local. Nosotros no sólo decimos soberanía alimentaria nacional, sino decimos soberanía alimentaria local. ¿Qué quiere decir eso? Que no puede ser que la leche en la Argentina recorra 1200 kms. Nosotros teníamos un proceso en la leche en la Argentina en donde en cada pueblo importante tenía una usina láctea y tambos en la zona que alimentaban. No puede ser que en Jujuy no tengamos un litro de leche y que venga todo de la Pampa húmeda, no puede ser que el 80% de lo que se consume en el Chaco venga de la pampa húmeda. Nosotros tenemos programas armados que son los Municipios sustentables. En donde hicimos las cuentas y abasteciéndolos de cuatro o cinco cosas: verduras, huevos, leche, carne de porcina y pollo, se genera un desarrollo local y una cantidad de guita que queda en el pueblo que el pueblo empieza a cambiar. Ese es uno de los puntos donde podemos competir y el otro en donde podemos competir es vendiendo un pedazo de nuestra cultura: productos gourmet. La burguesía está buscando consumir determinadas cosas que tienen un pedazo de cultura de nuestro pueblo, por ejemplo el quesillo, o el queso de cabra, o el dulce de leche de cabra, o muchas otras cosas. Y hay que defenderlas. Si se hace un protocolo que diga que no puede ser macerado en una cámara ya el mercado no puede entrar. Esto en Europa existe muchísimo y eso no es intervencionismo, es proteger una cosa que tenemos. Hay que defender esa cultura para que no la agarre el mercado porque si no el mercado la desarrolla de otra manera.

Pero la agricultura familiar atraviesa otras cosas, la educación. Lo que hay que hacer es no inventar las cosas. Lo que debemos hacer es dignificar los procesos que los compañeros vienen construyendo y cambiar cuestiones culturales, las cuestiones de educación. Si le entregás el título de propiedad de la tierra al compañero y, o la termina vendiendo, o se la termina alquilando a los pooles de siembra que no son productores, son negocios, es el mercado. Termina poniéndose a disposición por distintos mecanismos, a ese mercado, que encima no tiene ni nombre ni persona y entonces es difícil de identificar. Entonces aparecen nuevas cuestiones en donde vuelve a aparecer la idea de que hay que hacer otro desarrollo ahí. Que la mejor defensa de la tierra es darle dignidad al sujeto que vive en la tierra, darles dignidad y futuro económico a las familias que viven ahí. Futuro a ellos y a sus hijos.

El campo es la oportunidad de la Argentina. Y es la oportunidad de la Argentina para resolver el tema de la inseguridad de las grandes ciudades. El pibe que te pide el impuesto y te saca las zapatillas en los barrios peligrosos es hijo de una campesina santiagueña, estoy seguro. Lo mandamos ahí porque no puede vivir allá. Entonces para resolver ese problema los pibes se tienen que quedar en el campo. Tenemos que tener un desarrollo armónico. Que haya un campesino haciendo patria. Resuelve un problema de soberanía, resuelve un problema de justicia social, de independencia económica.

Hinde Pomeraniec: Mientras te escuchaba muy atentamente, porque me interesa muchísimo tu manera de expresar lo que tiene que ver con algo con lo que uno está, habitualmente, por exceso de urbanidad alejado y por un tipo de economía familiar que es muy diferente de la economía familiar de la gente que vive de esto. Hablaste mucho del rol del Estado desde el gobierno central, mencionaste las provincias, pero no mencionaste las gobernaciones. Me gustaría escuchar qué pensás vos de lo que tiene que ser el lugar de los gobernadores en esto. ¿Por qué? Porque cuando estábamos la necesidad de que la gente vuelva al campo o se quede en el campo, la posibilidad de tener hospitales y escuelas abastecidas con producciones locales. ¿Podés comentarnos algo sobre eso?

EP: Primero una cuestión sobre nosotros. Los gobiernos populares fueron procesos de urbanización y no de expansión agropecuaria. La primera autocrítica es también del gobierno popular. Porque se vio en el sector del campo solo un sector proveedor de dólares o de recursos. Esa es una autocrítica que empieza a sanar Cristina lentamente y que es un problema de comprensión, o mejor dicho de meter en la agenda de la discusión política el tema. En el único lugar que aparece es en el Frente Para la Victoria. La primera cuestión es visualizar el sector, ver qué existe y ver la oportunidad que existe. La Argentina, con 1 millón de producciones tendría 5 millones de puestos de trabajo y tendría entre 25 y 35 % de población agropecuaria. Cambiaría totalmente. Y eso no es imposible, eso es posible y tenemos las condiciones como para poder hacerlo. Eso debería ser una política de Estado para todos. Por eso es que discutimos con el otro modelo. La otra cuestión es que el otro modelo tiene que ver como negocio porque si no tampoco se puede dar.

Pero más allá de eso, el proceso de comprensión de este modelo político viene de arriba hacia abajo, primero fue Néstor, después Cristina lo continuó, creó el Ministerio, creó la Secretaría, creó la Subsecretaría, por el tema tecnológico creó un área específica en el INTA, para que desarrolle tecnología para el sector, que son los Ipaf*, que ya hay cinco o seis, que son Estaciones Experimentales que trabajan para el sector. Creó un lugar en el SENASA que para nosotros es muy importante porque ese era un organismo pensado para la exportación, para jodernos a lo que trabajamos con el mercado interno para que no jodamos a los exportadores y no vernos como un aliado. Ahora estamos discutiendo la Ley de Agricultura Familiar*.

Volvamos a los gobernadores, Capitanich fue el primero que planteó esto como consigna en su campaña y que apenas asumió lo puso al compañero histórico de la lucha campesina como es Quique Lovey que viene de las ligas agrarias, que fue el tipo que en su momento le hizo un paro exitoso de los campesinos al gobierno de Lanusse, que hasta lo secuestró, pues lo hizo ir a Saenz Peña a negociar y una vez que estaba ahí movilizaron a los campesinos y le dijo, “vos no salís de acá hasta que no firmes”. Ese compañero hoy es el presidente, primero del Instituto de la Tierra, después de la creación del Instituto de la Agricultura Familiar. Entonces él separó los recursos de la Agricultura familiar de los recursos del Ministerio de Producción o del Ministerio de Agricultura. Creó una ley que hace que parte de la renta agropecuaria va a parar a ese Instituto. Hizo cosas que ahora nosotros estamos copiando y llevando al resto del país, como los Consorcios productivos, consorcios de servicios donde poner maquinaria a disposición de los productores, por zonas y otras cosas como exportar productos de la agricultura familiar. Empezó exportando 18 contenedores con la cabra vieja, que en la Argentina se tira y se le daba a los perros, es una carne esa de exportación, aunque te parezca mentira, y de muy buen precio para exportación y nosotros estamos buscando en todos los frigoríficos que tienen capacidad ociosa, porque este años creemos que vamos a exportar 38 contenedores, que es bastante, son 50.000 cabras.

HP: ¿A dónde se exporta eso?

EP: Eso se exporta a África y los países árabes. Esa fue una iniciativa de él que nosotros la copiamos. En la política en general van al resultado rápido y este no es un sector rápido, es estratégico, a largo plazo. Y nosotros no podemos resolver para mañana el problema del dólar. Ni podemos resolver mañana el problema del abastecimiento o de los precios, no podemos. Lo podemos resolver a largo plazo. Podemos resolver el problema del dólar y de los precios, ahora sí, a largo plazo. Porque podemos sustituir muchos de los bienes exportables con el desarrollo local y eso significa más entrada de dólares, y porque podemos darle mucha estabilidad, porque nosotros no dependemos del mercado de la economía externa para nuestra economía regional. Entonces en muchos países, la estabilidad de precios se ha logrado a partir de la agricultura familiar. Pero la política va mucho más en la coyuntura.

HP: Claro, por eso yo trataba de preguntar cómo se puede federalizar la iniciativa.

EP: Hoy en día tienen leyes de agricultura familiar 6 o 7 provincias y tienen áreas de agricultura familiar casi todas las provincias. Cuando la Nación cambia, los gobernadores también empiezan a cambiar porque tiene nuevos lugares para buscar recursos para sus provincias. Bienvenido sea el cambio, nosotros lo tenemos que llenar de contenidos y llenarlo de política. Pero hoy hay cosas de avanzada, en el caso de Misiones, por decir otra provincia, sacó una ley que para nosotros es importante, que es la de legalizar la cocina hogareña como para que se puedan hacer dulces en tu casa y no tengas que tener una sala de elaboración. Si vos tenés la cocina en determinadas condiciones, vos podés hacer un queso y venderlo. Antes discutíamos con el SENASA (ahora no porque es una compañera), recién ahora se puede conversar, porque es difícil cambiar esas estructuras. Nosotros vendemos el excedente en general, nuestros hijos consumen lo que producimos. Ningún productor quiere matar a su hijo, está claro que tiene mucho cuidado en lo que produce. Pero sin embargo, no nos dejaban ir a venderlo a la feria. Hoy en día, en la Argentina existen, que ha sido el trabajo de muchas organizaciones del Estado y de las instituciones locales, 500 ferias francas, que venden casi exclusivamente productos de la agricultura familiar.

HP: Recién mencionaste la palabra “aliados”. ¿Con quién hay que aliarse, con quién puede aliarse y para qué?

EP: Era sobre la Mesa de Diálogo, que intentamos ahora proyectos donde mezclemos los dos modelos. Doy un ejemplo. El proceso de integración del pollo, yo soy un militante y mi compromiso no es con la vaca, es con las personas. Hoy en día la proteína más barata que compran en el barrio es el pollo, con la revolución que se hizo con el pollo, gracias a este gobierno. Antes importábamos pollos, lo traíamos congelado de Ucrania, lo metíamos en una cámara y lo tirábamos (los pollos de Mazzorín) y ahora exportamos pollos y el pollo es la proteína más barata que hay en nuestros barrios, bienvenida sea esa proteína, no puedo estar en contra. Estamos tratando de discutir, es difícil pero tratando de desarrollar el pollo de campo, el pollo campero, que en distintos países existe, en Brasil se desarrolló: el pollo caipirinha; en Europa es un pollo que se vende mucho y que es un pollo de pluma negra y que tiene normas de la Unión Europea en las que hay protocolos que dicen que no puede haber más de 4.800 animales en un lugar, tiene que estar 6 horas al sol, tienen que tener un alimento que no puede tener más de tanta energía. Nosotros estamos haciendo ese protocolo a la Argentina, con nuestras características.

HP: Por eso te pregunto, porque tampoco se puede replicar exactamente.

EP: Nosotros tenemos un pollo en la Argentina, que es un pollo INTA, de tecnología propia, que sería el pollo campero. Hagamos un proceso de integración con la industria, con ese sistema, lo que hace un galpón de pollos, acá necesitaríamos más o menos veinte familias. Es un sistema de producción que tiene un nicho de mercado que puede funcionar. Estamos intentando de construir e integrar.

Lo que pasa con el sector de la agricultura familiares que no puede acumular, por lo tanto no puede desarrollarse con su propia acumulación. Este sector necesita del Estado para desarrollarse. Lo hizo en todo el mundo. Necesita una inversión del Estado.

HP: Hablaste de la necesidad de políticas de Estado y estamos a poco de las elecciones. Vos sos funcionario y sos un militante. Como militante y del lado de las organizaciones sociales, cómo piensan encarar el vínculo con los posibles candidatos, más allá de lo que vaya a ser la candidatura más cercana al actual oficialismo, como para que no se pierda lo que se ganó, como para seguir avanzando, tienen pensado, están planificando cómo se van a plantar frente a esas propuestas. Mencionabas que solo Frente para la Victoria tenía una mirada cercana y lo importante es que gane quien gane no se pierda lo que se consiguió.

EP: Queremos la Ley de Agricultura Familiar para dejar institucionalizado y que no se vuelva atrás. Queremos que quede ahí, que un porcentaje del presupuesto que recibe el Ministerio vaya a la Agricultura Familiar, por ley. Si lo quieren cambiar, tendrán que hacer otra ley y después empoderar a las organizaciones para que sea difícil volver atrás. Yo soy peronista, no solo hay que nacionalizar los ferrocarriles sino que además generar la Unión Ferroviaria para que los defienda. Hay que empoderar a las organizaciones para que defienda el proceso y lo haga irreversible. Teniendo en cuenta además que la Argentina está en condiciones de pegar un salto en este sector porque hay muchísimas organizaciones, tenemos un registro y hay más de mil y pico de organizaciones. Es mucho. No hay ningún sector que tenga esta capacidad, entonces si el Estado pusiera recursos en todo eso rápidamente se reproduciría.

HP: Pero cómo hacer que el sector esté contemplado

EP: En primer lugar tiene que ser una política de Estado. Porque en los ’90s se le cambió el sujeto social. De ahí el asistencialismo. No verlo como un sector productivo. Cuando hicimos las organizaciones sociales las llamamos Movimiento de Trabajadores Desocupados. En primer lugar pusimos trabajadores. Estamos desocupados pero somos trabajadores. Ahí fuimos avanzando, los derechos en vez de estar atados al trabajo, empezaron a estar atados a la persona con la Asignación Universal por Hijo. Ahora como dice Francisco, tenemos que avanzar e ir por trabajo genuino. Pero en el caso del campo también es lo mismo. Pero apareció en la política lo que era el Plan Social Agropecuario y ver al compañero como a alguien al que había que ayudar socialmente, entonces hay que ponerle agua, hay que ponerle un techito para juntar el agua para el aljibe para tomar. No se lo ve como un sujeto económico. Yo quiero que el compañero ponga el agua que quiera y que tenga plata en los bolsillos para hacerlo.

HP: Y como funcionario, en este año que queda. ¿Cuáles serían los proyectos? ¿Dejar qué? ¿Qué deuda hay que sea posible resolver y llevar adelante en el año que queda?

EP: Se ha logrado, antes que yo, un proceso muy grande de organización del sector. Para eso sirvió el Plan Nacional Agropecuario y otras políticas. Nosotros hemos avanzado en una mayor institucionalización con el tema de la Secretaría, ahora tenemos que avanzar para que quede una ley y quede un presupuesto importante para el sector, importante que es importante para nosotros, pero para la economía nacional insignificante. Insisto, un puesto de trabajo acá cuesta muy poco, nosotros calculamos que lo que hace falta para no caer y avanzar son más o menos 2.000 millones de pesos, no es una locura. Para no ir para atrás. Cuando vos le empezás a inyectar más que eso, el sector comienza a recuperarse e ir para adelante. Creemos que vamos a avanzar en el tema del presupuesto, que es lo que falta y vamos a poder iniciar muchos de estos proyectos que están dando vueltas y que le faltan financiamiento. Vamos a dejar esos proyectos financiados y la Ley en donde el 30 % del presupuesto del Ministerio vaya a la Agricultura Familiar o la otra posibilidad es que el 2 % de las retenciones vaya a la agricultura familiar. Cualquiera de la formas da más o menos la cifra.

HP: Hablaste de aliados y hablaste de diálogo y de dos proyectos económicos. ¿Hay límites para ese diálogo? ¿Hay gente u organizaciones con las que no se sientan a conversar? O el diálogo, además de la Iglesia, está abierto a todos.

EP: Con el que quiere destruir nuestra forma de vida, no. Una cosa es que el mercado, que no es nadie, vaya produciendo este fenómeno y otra cosa es que alguien quiera hacer este fenómeno. Nosotros hemos estado con organizaciones con las que yo no quiero ni hablar, como la asociación de la soja, ACSOJA o AAPRESID o la de los Semilleros ASA, hemos ido con ellos a ver las poblaciones campesinas. Nos dijeron “nosotros acá no queremos plantar soja ni en pedo. Esto lo quiero conservar y que esa gente viva”. Con esos sí quiero hablar. Pero con los que dicen, “no mirá, esto no tiene futuro…” con ese tipo no hay diálogo posible. Eso existió siempre, pero creo que hoy hay condiciones, porque en primer lugar el modelo hace agua si no se nos incluye a todos. La forma de evitarlo es construir un modelo diferente, sino no se puede. Hay una comprensión, este sector se tiene que desarrollar, entonces es mejor que se desarrolle en mejores condiciones para todos. En la Argentina tenemos muchísimas posibilidades. Si vas por la ruta 40 cruzas por los valles y luego ya es desierto, pero vas a ver manchones que son emprendimientos productivos. Esos manchones van a ser cada vez más. Porque ahí abajo hay agua. Y se va a transformar eso. Otro ejemplo, más crudo para mí. La soja en la Argentina produce 100 mil puestos de trabajo. Hace poco vino un ministro de China, entonces y dice: “soja gracias, soja gracias”. Entonces le pregunto: ¿Por qué gracias? Y me responde “yo podría decir porque ayuda a alimentar a mi pueblo con proteína, podría decir porque está mejorando el déficit alimentario que salimos del repollo y ahora estamos comiendo proteínas. Pero ¿sabe por qué? Porque la soja en mi país, nosotros importamos 50 mil millones de toneladas de soja de la Argentina. Esa cantidad es la misma que comen los pescados en China. ¿Y sabe cuántos puesto de trabajo producimos nosotros con la acuicultura? 40 millones de puestos de trabajo. Casi un puesto de trabajo por tonelada” son casi más puestos de trabajo que los habitantes de la Argentina. Y nosotros tenemos problemas de desocupación. Y este ministro preguntó ¿Por qué no produce pescado la Argentina? Pero nosotros estamos por producir pescado en la Argentina, lo vamos a hacer pero como siempre nosotros los hacemos a lo bestia. Quiero transformar a los pescadores. En general el agricultor familiar que vive cerca de un río es pescador y tiene chancho y tiene gallinas. Ese tipo tiene que ser pescador en la época en que no hay veda, pero además de eso tiene que tener chancho y gallinas para cuando hay veda. Y tiene que ser productor de pescado y transformar soja en pescado. Pero lo tenemos que hacer con ese sujeto. Los chinos tienen una reglamentación muy dura para eso.

HP: ¡Para todo!

EP: Sí, es cierto, son duros para todo. Pero en China, el Estado te da lotecitos en el mar para que el tipo pueda vivir y comer bien y que se vaya con un botecito, a criar pescados en el medio del mar. Uno mira el mar de China y se ven partes grises. Todo eso son jaulitas, donde hay pescaditos, comiendo la soja y un tipo que va con la lancha a darle de comer todos los días y ver cómo están y a cuidarlos. No digo que hagamos eso, pero ver al hombre como eje del proceso productivo es generar una economía diferente.

 

 

 

* IPAF: Instituto de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Agricultura Familiar

* Ley de Agricultura Familiar