Revista Sinapsis – Interés General

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El cine de David Robert Mitchell

Photo by John Shearer - © WireImage

Festejamos la aparición de un nuevo director que da miedo. Sucubos que juegan a la mancha venenosa y un espejo a nuestra adolescencia inquietante.

Por: Ignacio Balbuena

 

Hace poco escuché que un periodista dijo de una banda local: ‘Son realmente una banda muy 2015. Hacen rock, pero un rock que resulta de la mezcla entre Tame Impala y Pappo’. Me pareció acertada la descripción, el mashup entre dos cosas más o menos arbitrarias es un claro signo de la época.

 

En los 2000s hubo mucho revival de cosas viejas, desde garage rock a electrónica de los 80’s. Los mencionados Tame Impala suenan a rock psicodélico de los 70’s  y a Lennon, pero en estos días es cada vez más frecuente el pastiche entre elementos heterodoxos.

El segundo film de David Robert Mitchell, It Follows (estrenada localmente bajo el nombre ‘Te Sigue’) encaja dentro de esta tradición reciente, al mezclar dos sensibilidades en principio dispares: el cine adolescente y el coming of age, con influencia de John Hughes y Richard Linklater, y el horror sobrenatural influenciado por John Carpenter y George Romero. Por un lado, languidez y melancolía, y por el otro, el horror primordial, pero David Robert Mitchell resultó un director experto en unir los puntos en común entre estas concepciones del cine en aparente disonancia.

 

Viene de un gran debut: su primera película, The Myth of the American Sleepover (2010) funciona como suerte de precuela conceptual de It Follows. Un relato expresionista con un ensemble cast de jóvenes deambulando en la noche, que intercambian miradas furtivas e incómodas, alcohol y algún que otro beso, el primer largometraje de Robert Mitchell es una peli adolescente artie soberbiamente realizada. Hay algo de Dazed & Confused, de American Graffitti, y también de la nouvelle vague: momentos rohmerianos, y una escena de baile que parece levantada de las películas de Godard con Anna Karina. Si bien transita lugares comunes del cine teenager, el grado de sutileza y realismo que maneja elevan la película varios puntos por encima de la media.

 

Para It Follows, David Robert Mitchell retomó los temas de su película anterior y los fundió con el horror suburbano de Halloween, la paranoia de La Cosa, y lo inexplicable de La Noche de los Muertos Vivos. Incluso en la banda sonora, llena de arpegios menores en timbres ochentosos, hay resonancias carpenterianas. El horror en Halloween, como en Zodíaco de David Fincher, pasaba por teñir la encantadora suburbia americana con un horror inefable acechando invisible desde cualquier esquina. En It Follows, el mundo reposado y fuera de foco de Jay y sus amigos, adolescentes fuera del tiempo (al igual que en The Myth…en It Follows no hay un momento temporal definido), se ve interrumpido de cuajo cuando un ente paranormal empieza a perseguir a Jay, producto de una desafortunada relación sexual. Sí, la premisa parece ridícula así por escrito: producto del contacto sexual, una entidad macabra comienza a perseguir a su víctima sin descanso, hasta llegar a ella para matarla. Lenta pero inexorable, adopta cualquier forma y se acerca desde lejos para lograr su cometido. Sólo se detiene cuando la víctima ‘transmite’ el espectro a otro, mediante un nuevo acto sexual, dejando a las víctimas en un estado de paranoia permanente. Si una víctima muere, el ente malévolo vuelve para atrás en la cadena, a rastrear a sus víctimas anteriores.

 

Si bien se podrían hacer varias extrapolaciones simplistas, y conectar a la entidad asesina con las enfermedades de transmisión sexual, la alegoría de Robert Mitchell es más potente (Romero y Carpenter, viejos y astutos, siempre fueron expertos de la metáfora subversiva), y evoca, como en su película anterior, la inevitabilidad de la pérdida de la adolescencia, en favor de una adultez mucho más sombría. O incluso la muerte. Mientras que en The Myth of The American Sleepover, un personaje concluye en un soliloquio que la libertad y la aventura de la adolescencia no es más que un mito, y que desearía replegarse de nuevo a la sencillez de la infancia, en It Follows esta alegoría se encarna en un espectro mortífero que persigue a los personajes y los hace tomar conciencia de lo efímera que puede resultar la felicidad y la inocencia de la adolescencia suburbana. Hoy en día David Robert Mitchell ya tiene propuestas para hacer más shows de terror, y una secuela de It Follows, pero esperamos que continúe explorando otros géneros con la misma gracia que lo hizo con el coming of age y el horror.

 

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